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Jueves 10 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Hablando de educación

Columnista: Christiane Lelievre

Hablando de educación, la pelota va, la pelota viene: los maestros consideran que son los padres –  ambos – que deben asumir las principales responsabilidades en la educación de sus hijos o hijas, y no  lo hacen.  A su vez, los padres – ambos – opinan a menudo que los maestros no hacen lo suficiente para educar a sus retoños. Y que “no hacen sino regañarlos y exigir tonterías.”  Otros lamentan  que se haya “perdido el temor a Dios”, ya que creen que ese temor es factor esencial de un buen comportamiento. Así que al final queda la duda sobre quién educa a todas estas personas consideradas  “mal educadas, mal criadas o sin educación”.

¿Será cierto que hoy ya no se puede decir nada a los/las jóvenes porque no hacen caso a nadie y no aceptan ningún consejo? ¿Será que educar es montar cantaleta con retahílas de consejos y críticas? Y ¿qué hay del valor del ejemplo? ¿Cómo ignorar la fuerza formativa del compartir y hacer juntos? La función de educar no un acto pasivo, no se trata de rellenar un recipiente roto. La educación es un proceso relacional y es bien conocido que el aprendizaje es mutuo entre alumno-hijo/a y maestro/padre/madre. ¿Podrá ser buen maestro el que cree que lo sabe todo y nada tiene que aprender de sus alumnos, de los que espera que repitan sin analizar y obedezcan sin pensar? ¿Pueden ser buenos padres/madres los adultos que sienten que  por ser mayores pueden mandar a sus hijos/as con autoritarismo y sin dejar lugar a la controversia y menos al desarrollo de la capacidad de decidir?

El pasado fin de semana, según Vanguardia Liberal, Bucaramanga vivió las 12 horas más violentas del año. En este lapso, tres menores de edad se hicieron asesinos, cuatro otros jóvenes perdieron la vida. Las autoridades tuvieron que “atender” 447 riñas. Estas peleas, irrigadas por excesos de alcohol, estallan sin razón - palabra, mirada, honor (¿?), exaltación, rivalidad … - y se vuelven tragedia por la intrusión de un cuchillo o arma de fuego. De los asistentes, mientras unos azuzan, otros tratan de calmar los ánimos. Termina la pelea cuando los protagonistas resultan heridos, muertos o huyendo. Lo demás es persecución, llantos, gastos, arrestos, venganzas, retaliación y más vidas truncadas.

Educar es también guiar, sin cantaleta, mostrar caminos posibles, permitir esperanzas y logros, compartir, poner límites, escuchar más que hablar, aceptar errores, animar a intentar de nuevo. ¿Quiénes y cómo habían educado a estos jóvenes?

Autor:
Christiane Lelievre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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