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Jueves 23 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Volver

Columnista: Christiane Lelievre

Una vez más volví a mi país de adopción; el avión en el que regresaba fue aterrizado con pericia en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, un día antes de iniciarse la huelga de controladores aéreos, cuando acababa de terminar la de sus homólogos franceses y por motivos similares. Forma discutible de exigir, pero reivindicaciones justificadas. Los largos retrasos fueron debidos básicamente a la estricta aplicación de las medidas de seguridad necesarias a una navegación aérea segura.

Lo primero que me indicó que había vuelto y me sacó de mi sopor transatlántico fueron las llamadas por celular realizadas en el avión de líneas interiores, sin la menor preocupación por la privacidad, personal y de los demás. En este aspecto los europeos son extremadamente recatados.

Al volver, en los primeros días de regreso, miro las cosas cotidianas con ojos nuevos y veo lo que la costumbre nos impide ver. Unas cosas me gustan o vuelven a hacerlo, otras me siguen “chocando”.

Me gustó el Parque Santander renovado: se respira ambiente abierto, se siente un lugar de paso y de encuentro en el que la gente transita y encuentra en donde quedarse para platicar, mirar, descansar. Se resaltan las perspectivas hacia el antiguo hotel Bucarica y el Club del Comercio. Pero no me gustó el descuido ya evidente, la suciedad y la falta de respeto por el mobiliario y el espacio que es de todos. Es evidente la  falta de “cultura ciudadana” y sentido de pertenencia.   

Me pareció inaudito el paro de transportadores informales, en reivindicación de una actividad ilegal. Pero el respaldo de la población a una actividad que viene a colmar las carencias de los servicios públicos  legales debe ser tenido en cuenta por la administración municipal.

No me gustó el alza del 10% en las tarifas de taxis y otros precios, que dejan sin poder adquisitivo al colombiano de a pie.

Me pareció muy “criollo” la noticia acerca del Rincón de Girón que ya tiene sus “paleteros”, además de tener cebras y franjas amarillas… ¿Qué más se necesita para que los conductores respeten a los peatones? La seguridad vial empieza por el conocimiento y respeto de las normas de tránsito.

Volví y supe de más casos de violencia y agresiones contra mujeres. Y, tristemente, ya no sabía de qué lado del “charco” me encontraba: aquí y allá, las costumbres siguen atropellando a las mujeres, en contra de toda lógica y en desconocimiento del avance de las leyes.

Autor:
Christiane Lelievre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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