Jueves 31 de Julio de 2014
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Diana Giraldo
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Domingo 23 de Junio de 2013 - 12:01 AM

Una deuda con los secuestrados

Autor: Diana Giraldo

Esta semana el país conoció el estudio más completo que se haya hecho hasta ahora sobre el secuestro en Colombia. De acuerdo con la investigación, realizada por el Centro de Memoria Histórica, Cifras & Conceptos y con el apoyo de la Unión Europea, recopilada bajo el título ‘La verdad secuestrada’, en el país 39.058 personas fueron plagiadas entre 1970 y 2010. La etapa más crítica de este fenómeno ocurrió entre 1996 y el 2005. Y de esta cifra más de 3.000 secuestros fueron de menores

A pesar de estas dolorosas cifras, solo se han proferido 3.144 sentencias contra los responsables y solo en 40 casos se ha condenado a los autores intelectuales. En el 17% de estos casos los secuestrados fueron además víctimas de golpes y maltratos y en el 4% de las retenciones, los plagiados fueron fusilados frente a sus compañeros de infortunio.

Tristemente, el país se acostumbró a vivir con la historia de personas que pasaron 10 o más años de su vida pudriéndose en la selva. Historias dramáticas de personas que perdieron media vida durmiendo en el piso, amarrados con cadenas y comiendo los restos tirados por sus captores. Padres que murieron sin ver regresar a sus hijos. Hijos que perdieron la esperanza de volver a abrazar a sus padres.

El secuestro ha dejado una huella muy honda en el país. Pero aún siendo una realidad palpitante para los colombianos, el país está en deuda con todas aquellas personas que después de perder largos años de su vida vuelven a la libertad, tratando de recuperar ese tiempo en el que además de ser reducidos a esclavos, perdieron también contacto con la realidad y no pudieron ver el correr de las vidas de los suyos.

¿Qué ha pasado con la vida de todos aquellos que después de los flashes, la rueda de prensa, la algarabía por una liberación o un rescate y las promesas de mandatarios han tratado de retomar la vida que les fue truncada? La respuesta es el abandono. Muchos de ellos, principalmente policías y soldados, están hoy en la pobreza, en la búsqueda de un trabajo esquivo, hundidos en sus propios fantasmas traidos del secuestro y cargando con las secuelas imborrables de esta pesadilla. Ellos son los que nunca debemos olvidar, porque pagaron el precio más alto de esta guerra que nos tocó vivir a los colombianos.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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