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Domingo 20 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Un mundo sumido en el odio

Columnista: Diana Giraldo

Poco antes de las cinco de la tarde del jueves, una furgoneta aceleró y se llevó por delante a cientos de personas que visitaban el turístico sector de Las Ramblas, en Barcelona. Lo que siguió fue una dantesca escena de cuerpos esparcidos por todas partes, llanto e indignación. Al momento de escribir estas líneas los muertos sumaban 14 y los heridos superaban los 100. El Estado Islámico y su odio a Occidente reivindicó la autoría. El hecho ocurre días después de que una marcha organizada por grupos supremacistas blancos terminara en tragedia, cuando un hombre arrolló deliberadamente un grupo de opositores a la marcha (en su mayoría negros y latinos) y dejó tres personas muertas. Cuando la periodista colombiana Ilia Calderón quiso entrevistar al líder del Ku-klux-Klan, Chris Barker, sobre el hecho, el hombre al percatarse que se trataba de una periodista negra, amenazó con quemarla viva.

¿Qué está pasando para que el mundo esté entrando en esta locura? Sería atrevido pretender una respuesta en este espacio. Pero sin duda los discursos de odio que han promovido los líderes políticos tienen responsabilidad en lo que está sucediendo.

El discurso antiinmigrante sostenido por Trump durante la campaña política exacerbó a los grupos racistas y su grito de “hacer América grande otra vez” ha envalentonado a los nacionalistas, que se sienten avalados por su presidente para enfrentar con violencia a inmigrantes y negros. Pero ese mismo discurso de odio se ha anidado en Europa, ante la creciente inmigración y bajo la premisa de “recuperar las naciones”, comienzan a fragmentar la unidad, como ocurrió con el Brexit. Todo esto es el caldo de cultivo perfecto para que el terrorismo de los radicalistas islámicos se haya convertido en el principal temor de todo un planeta.

Las campañas basadas en el odio y la exclusión solo llevan a generar violencia contra determinados grupos. Y esos líderes que llaman a agredir, a preferir la guerra por encima del diálogo, a excluir a determinada población por ser distinta, a señalar como enemigo a quien piensa distinto son los grandes responsables de que estemos caminando hacia este abismo.

Autor:
Diana Giraldo
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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