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Domingo 17 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

¡Y salud!

Columnista: Diana Giraldo

No hay duda: la visita del papa Francisco tocó los corazones de muchos colombianos y su mensaje de amor y reconciliación llegó incluso a las almas más reacias. Y pasada una semana de la visita del Santo Padre, ¡ya empiezan a verse sus caminos milagrosos! Como en una materialización de su mensaje de “dar el primer paso”, el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, invitó a su morada a los señores concejales para departir “un almuerzo de camaradería”. Atrás quedaron los señalamientos de uno y otro bando: ¡ya no más “sanguijuelas”, “forajidos”, ni “hampones”, ni demás calificativos degradantes para nuestros concejales! Y por el otro lado ¡ya nunca más se pondrán en duda las lúcidas facultades mentales de nuestro Alcalde, como en antaño lo hicieron los honorables!

El amor de Francisco caló tan hondo que hasta hizo que el concejal Wilson Mora levantara la copa para brindar porque el Alcalde lo sacó de la Gerencia del Terminal, y tras este acto, como cuando Dios le devolvió la vista al incrédulo Pablo, él pudo concentrarse en su verdadera vocación de servicio a través del Cabildo. ¡Gloria a Dios en las alturas!

Algunos criticaron este acto de acercamiento entre Alcalde y concejales, como el exalcalde Luis Francisco Bohórquez, que semejando a la cizaña a la que hizo alusión el Papa, descalificó el encuentro y pidió al Alcalde que primero se disculpara públicamente con los concejales liberales y reconociera que el progreso de la ciudad se lo debemos a su administración y a su partido. Otros celebraron el encuentro, como el mismo concejal Uriel Ortiz, quien afirmó que ganó la ciudad y que sentarse a la mesa y hablar no significa que ni el Alcalde ceda en sus convicciones ni el Concejo en su control político.

La venida del Papa es tan milagrosa, que por primera vez, aunque jamás pensé vivir para contarlo, estoy de acuerdo con el concejal Ortiz. Creo que este encuentro abre la esperanza de que por fin Bucaramanga avance en todo ello que esa pugna de poder no había permitido. ¡Qué viva la reconciliación! ¡Qué viva el Papa! ¡Y salud!

Autor:
Diana Giraldo
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