Sábado 22 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Mirando al campo

Columnista: Diva Criado

Colombia tiene una vocación agrícola y ganadera por tradición. No es por casualidad que tenga un destacado lugar entre siete países, para convertirse en la despensa que alimente al mundo debido a la creciente demanda global de alimentos causada por el aumento de la población, según el último informe de la FAO

Por su privilegiada ubicación, dos océanos y atravesada por los Andes, tiene el cuarto lugar en Latinoamérica con tierras fértiles para la producción agrícola y ganadera, y es el tercero con mayores recursos de agua, diversidad climática y tasas de precipitación anual, características que favorecen la producción de alimentos

Pero la realidad social e histórica del campo colombiano es otra, las grandes desigualdades distribuidas por regiones y grupos poblacionales se han visto limitados en sus derechos y en el acceso a los beneficios de desarrollo por la brecha de pobreza y desigualdad de la población rural que multiplica a la existente en el área urbana, minimizadas por políticas gubernamentales que hacen poco para corregirlas

Visitar el campo es como mirarse en un espejo retrovisor, nada cambia. Llevo décadas escuchando a los campesinos reclamar los mismos derechos, desconcentrar la propiedad de la tierra, espacios de participación en la construcción de políticas agrarias; acceso a la salud y a la educación; vías de acceso, que ahora se suman los costosos peajes que crecen en el país sin son ni ton.

Lo que es peor, las vías siguen estando en mal estado; los altos insumos, la falta de tecnología y los costos desorbitados de la maquinaria agrícola, para no hablar de préstamos bancarios con altos intereses y exceso de tramitología

Así las cosas, la crisis en el campo tiene un eje central, que no la deja crecer y es la débil institucionalidad que aumenta el riesgo en contra del sector, amén de que las grandes discusiones sobre el campo han estado dirigidas a fijarse en la tenencia de la tierra, que es importante, claro que sí, devolverle la tierra a quienes han sido despojados de ella, entregar títulos a los poseedores de buena fe y revertir al Estado los baldíos adjudicados ilegalmente y de forma fraudulenta.

Pero el Estado también debe tener una visión que permita ver asuntos sustantivos que hagan del campo un motor de desarrollo, generador de riqueza, empleo y superación de la pobreza.

Autor:
Diva Criado
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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