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Lunes 18 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

Las misiones jesuitas

Llegaron de “repuesto” los jesuitas al Nuevo Mundo en el siglo XVII, cuando la decadencia del clero era total, “particularmente los franciscanos y los domínicos”, según cuentan en sus “Noticias Secretas de América” los científicos Jorge Juan y Antonio Ulloa, escandalizados de la vida disoluta que llevaba la mayoría de los clérigos. “Los conventos estaban reducidos a públicos burdeles” y otros escándalos como los que rondan nuevamente a la iglesia en este mundo moderno. Era tanto el escándalo que el Arzobispo Lobo Guerrero, decidió escribir al rey para que enviara a la Compañía de Jesús como “formula” salvadora. Cinco siglos después acuden a esa reserva de los “siempre fieles a la tierra” para renovar la iglesia llena de pompa, vanidad y decadencia.  Nombran los cardenales, muchos de ellos causantes de esa decadencia, a un papa jesuita que ahora acusan de silencio en tiempos de la dictadura argentina. Titánica labor le espera.

 Llegaron a América,  a ese mundo nuevo, Paraguay y Colombia, tan lleno de vitalidad y tan lleno de seres humanos nobles e inteligentes, pero marginales, los indígenas y entonces, los jesuitas desarrollaron en 70 años, el mayor experimento humano sobre la tierra con la premisa de la libertad, el paraíso en este mundo y no en el otro, lograron que esos indígenas despreciados por la corona y  por el mundo, hicieran relojes mejores que los suizos, instrumentos musicales, textiles, arte, cañones para su defensa, formación de un ejército solo conformado por los guaraníes, exportaran alimentos, el té del Paraguay, lana (tenían 200 mil ovejas), una tierra común, la de Dios y otra para cada familia, la común como lo dice su nombre, era para todos y para exportar y la de cada familia para el consumo familiar. Hicieron hospitales, aplicaron medicina occidental e indígena,  iglesias, deportes y todo en su lengua, el guaraní. Trescientos mil indígenas vivían en esa comunidad que ha sido, hasta ahora,  el mayor experimento en el mundo occidental de convivencia.

Formados en libertad como de decía Loyola. Crear un orden social en el “que puedan tener cabida las legítimas aspiraciones de los oprimidos y de los humildes”.

En un mundo en crisis, con una iglesia decadente y alejada de la realidad y tan apegada  a los lujos, es posible, intentar la energía  de Loyola, para cambiarla. ¿Rehacer el mundo?

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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