Publicado por: Donaldo Ortiz Latorre
La doctora Ruth Marina Díaz, Presidenta de la Corte Suprema de Justicia, hizo lo que hacían todos (eso es lo malo) siguiendo la costumbre tan cuestionada de andar paseando. Se fue con su “barra” de amigos y nada menos que a un crucero, buscando el mar, que según dicen, alivia todo.
Seguramente, muchos magistrados lo habían hecho; pedir permisos remunerados, cuando además tienen vacaciones, salvo que a la doctora se la cobraron toda, porque esos que no estaban entre la “barra”, la denunciaron.
Sin embargo, el problema no es solo la magistrada Díaz, el problema es todo ese conjunto de las altas Cortes; que no son más que una especie de “carteles” de beneficios, de favores, de prebendas exageradas, de permisos, de descansos y de viajes. De ellos se dice que solo trabajan 176 días.
Algo penoso para este país en guerra y en crisis permanente.
La justicia, o los que la ejercen, no siempre cumplen con su deber o lo cumplen mal. Son elegidos generalmente por favores políticos o por amiguismos; a sus hijos los tienen en altos cargos de la misma rama, y a los esposos y a las esposas también.
No es que no sepan Derecho, no es que no conozcan la ley, lo que pasa es que lo único que saben son los códigos y las leyes de memoria. Muchos los deben recitar. No hay otro fundamento en sus hojas de vida para ser elegidos, y no son otros que ellos, los que hacen Justicia en Colombia, o mejor dicho, mala justicia.
Muchos llegan como llegó el magistrado Rojas a la Corte Constitucional, con cuestionamientos y acusaciones de “tumbar” viudas. Tamaña valentía. Otros como el magistrado Wilson Ruiz Orejuela del Consejo de la Judicatura, de la que es presidente por la gracia de Dios, llegan acusados de plagio total de una tesis sobre responsabilidad médica (sí, ese, es nada menos y nada más que el presidente de ese esperpento burocrático de la Judicatura.).
Y qué decir de esos que pasan de una Corte a otra, y de los que, con edad de jubilación, hacen trampas para quedarse apelando a articulitos que muy bien saben usar. Penosa hipocresía.










