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Lunes 10 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Campañas antiguas y nuevas

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

Las campañas políticas actuales no dejan de recurrir a las viejas y conocidas mañas. Todos sabemos que las nuevas tecnologías avanzan en todas las ramas del saber. En medicina, por ejemplo, ya operan en muchas partes del mundo con robots, y esas nuevas tecnologías se han tomado ya las campañas políticas. ¿Pero cuánto ha cambiado con esto? En Colombia parece ser más efectivo hacer política con bultos de dinero, mermelada y burocracia, que dedicarse solamente a hacer campaña por las redes sociales. Se ve a muchos candidatos almorzando en las plazas de mercado nuevamente después de cuatro años. “Untados” de pueblo, abrazados con ellos para que les den el voto y puedan seguir disfrutando los inmensos beneficios que les da su condición. Aquí es “tome y deme”. Así funciona esto. Con mentiras y promesas, y por supuesto con billete. Pero para las presidenciales se acude más a las redes sociales cuando se sabe que el 77% de las personas las utiliza, cifra que por lo demás se dispara al 98% en el caso de los jóvenes. Desde Obama, que hizo su campaña con internet como estrategia de comunicación política, trabajar con el internet se convirtió en algo frecuente. Sin embargo, los políticos siguen buscando que su fotografía salga en los periódicos impresos. “Toca estar ahí”, dicen. Las campañas presidenciales y del Congreso nos saturarán de buenas intenciones y obviamente en esta ocasión no prometerán algo peor que el paraíso. Las promesas de todos consistirán en decir que de ninguna manera promoverán el aumento de impuestos, que terminarán las carreteras que están a medio hacer, que acabarán con la inseguridad e invertirán en salud y educación. Que por fin nos librarán de la corrupción. Todos le apuestan a eso, pero siempre las cosas siguen iguales. El esquema político de la lechona se perpetúa a pesar de la tecnología en muchas partes. Los candidatos se rodean de contratistas que esperan parte del ponqué y se rodean de burócratas que quieren seguir disfrutando las mieles del poder. Tal vez a este país lo salva no un milagro sino esa generación que llaman millenials que deciden su voto 72 horas antes de concurrir a las urnas y supuestamente a conciencia.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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