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Lunes 24 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Homenaje a la bicicleta

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

No corro, pero monto bicicleta de vez en cuando. Ciertamente tengo envidia de los que montan con más frecuencia en ese mágico invento, porque como dijo alguien con algo de patetismo: “la bicicleta es un vehículo movido por el deseo, cuyo motor son los sueños”.

Muchos escritores han hecho de la bicicleta un tema literario. Ernest Hemingway, por ejemplo, que pedaleó por todo París cuando vivió allí como corresponsal (alguien insinuó que fue solo allí por la bicicleta), solía decir que “pedaleando se aprecian mejor las cosas”. En efecto, mientras pedaleamos todo se muestra pasajero, es decir, como en realidad es. También Cortázar nos habla de la bicicleta y de una mujer que iba sobre ella: “A cada movimiento la extremidad de la silla se apoyaba un instante entre las nalgas, se retiraba, volvía a apoyarse. Las nalgas se movían al ritmo de la charla y las risas, pero era como si al buscar nuevamente el contacto de la silla la estuvieran provocando, la hicieran avanzar a su vez; había un mecanismo de vaivén interminable y eso ocurría bajo el sol, en plena plaza, con gente mirando sin ver”. El andar de la bicicleta y de la dueña iban en consonancia con la vida y la risa del café, aunque sin saberlo.

Hay una cierta poesía en Nairo cuando sube montañas y una cierta poesía en la alegría de Urán ante su esfuerzo fructífero. Hay una cierta poesía en Ana Cristina Sanabria, que sobresale en una país machista. Son héroes por las esperanzas que le generan al país que se acerca a la paz. También fueron héroes “Cochise” Rodríguez, Lucho Herrera, Alfonso Flórez, “Chispitas” Duarte y Severo Hernández, que recorrieron el mundo en desventaja y, sin embargo, supieron triunfar. Esos ciclistas que salen en la madrugada rompiendo la niebla merecen nuestro reconocimiento. Infinidad de historias nacen de este fabuloso invento humano que facilita la aventura íntima de la libertad. Por eso dicen que en la desesperanza hay que subirse a la bicicleta para que “el cielo y la tierra se alegren, y las piernas silben”.

Bucaramanga necesita ciclorutas, bicicletas para la paz, para la alegría y para la esperanza, y también, por supuesto cafés para apreciar la belleza, como Cortázar.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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