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Lunes 11 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

El Papa bueno

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

Difícil para un Papa como Francisco, convencer a la propia Iglesia de renunciar a la riqueza, a sus villas romanas, a sus símbolos de poder y volver a la cruz austera. No hablo de todos los sacerdotes, ni hablo de todas las comunidades religiosas, ni de todas las monjas que laboran con humildad, sino de ciertos cardenales que se dedicaron a alimentar la opulencia y el lujo, creyéndose príncipes. Llenos de boato, hacen fila hacia el cielo dándose codo con otros.

Difícil para el Papa entender toda esa acumulación de riqueza por parte de un cristiano. Muchos se creen importantes por sus ropajes, por sus anillos, por sus “sirvientes”. Cuántos cardenales están preparados y dispuestos a acompañar en la aventura de la nueva Iglesia al Papa. La Iglesia de la humildad, la Iglesia del servicio, del diálogo, de la entrega y del amor, y no el de la vanidad, ni la codicia, ni el odio.

El Papa convence, el Papa cuestiona, el Papa manda mensajes que le hablan al corazón. Pero el Papa también sabe que hay fuerzas que se le oponen, poderosas, y por eso, con cierta socarronería pide: “recen por mi”. Hay cardenales que cuestionan doctrinariamente al Papa, que solo quiere predicar el mensaje de ese que se llama Jesús, el humilde carpintero.

Las personas acuden porque lo ven como una figura que alivia el corazón atribulado, lo buscan porque el mundo moderno causa sufrimiento físico y espiritual. Por eso acuden a escuchar palabras nuevas y palabras de consuelo.

Lastimosamente muchas palabras se las llevará el viento y no germinarán. Este mundo es mediático y espectacular, y las palabras verídicas de los hombres, como en el caso de Casandra, no son escuchadas ni creídas.

El mundo camina hacia una catástrofe. La pobreza crece mientras la riqueza sigue en manos de los mismos, las aguas se envenenan. Los estúpidos líderes mundiales están a punto de enfrascarse en nueva guerra, y nosotros dependemos de dos locos que seguramente no se han leído un libro en su vida llena de caprichos.

El problema es que el mensaje del Papa a estos y a muchos otros ególatras no les dice nada, por el contrario se molestan cuando les recuerdan lo vanos que son.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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