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Lunes 18 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

El del establo

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

Jesús nació en un establo, nos lo refiere la tradición. Nació en medio de paja y animales, y no entre sedas como un rey. Allí en la miseria, si es cierto, se recostó el pequeño. Todo estaba sucio. No había portales delicados ni luces de colores. Se puede uno imaginar que todo olía mal, que no existía todo el boato de ahora ni había cardenales barrigones y pomposos. El verdadero establo es obscuro y hace frío. “El lugar más sucio del mundo fue la primera habitación del único Puro entre los nacidos”, dice Papini, sin más armas que la inocencia, como todo niño o niña.

El primer contacto que tuvo fue con el calor de mansos animales. El asno está ahí y en un asno, nos cuentan, llegó a Jerusalén.

Nació rodeado de pastores que viven ajenos a las “fiestas de la tierra”, que llegarían con regalos elementales: leche, quesos, lana. Todavía, cuando nace alguien, muchas personas en los campos acuden con un regalo, huevos, una gallina y leche recién ordeñada. Un nuevo ser ha llegado y “ha iniciado su llanto”.

Se nos dice que después llegaron los magos, venían de las orillas del mar Caspio a saludar a un nuevo rey que vivía en un establo. Los magos eran hombres elementales también, pero que conocían los secretos de la tierra y, algunos dicen, los del cielo. La naturaleza (los animales), el pueblo (los pastores) y el saber (los magos), acudieron a ese pesebre pobre de Belén. Recibe el pequeño el saludo del mundo.

Esta es la gente que no se pone al servicio de “quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren”, como dice Camus. La gente que ha entendido “la dignidad de vivir y morir”.

El espíritu navideño no es el consumo, ni es el lujo, ni es la fiesta estruendosa. Es benevolencia, dignidad, consideración, respeto, lealtad, compromiso y cariño compartido. ¿Por qué esperar la Navidad? Porque es la ocasión de recordar esos valores que se enfrentan a la injusticia, la mentira y el odio que pululan.

Porque tenemos la tarea de defender la verdad, el amor y la inteligencia.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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