Lunes 05 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

Polarización

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

La testosterona, conocida popularmente como la hormona de la agresividad, parece abundar en Colombia, elevando los conflictos en torno a la política. Es tanta esa polarización que hasta en los cafés, donde se realizan los encuentros entre amigos o conocidos, todo parece acabar en pelea cuando se habla de elecciones. El diálogo se ha limitado a los extremos porque el centro se diluyó. El insulto brota amenazante. Nos quieren hacer volver a esa épocas de liberales y conservadores donde ser de uno o de otro lado significaba el destierro, la quema de casas y la puñalada o el tiro. Las ciudades se llenaron de desplazados y de cinturones de miseria, pero eso sí a nadie le importa. La violencia siguió con la guerrilla, los paramilitares y con los narcotraficantes, la corrupción siguió, el hambre siguió, pero la polarización nos impide unirnos para solucionar esos males de raíz.

Esa polarización es patrocinada por muchos líderes de ambas orillas que, para ganar adeptos, tocan las fibras primitivas. La política es para ellos emoción baja, y por eso se encargan irresponsablemente de despertarla lo más ciegamente posible. El pueblo se pelea en los cafés y en las calles y en las tiendas, mientras ellos, los dirigentes, como en la época de la violencia liberal-conservadora, se hacen compadres en los clubes y celebran entre risa y whiskey su amistad. Ellos no se matan, se mata el pueblo manipulado por sus discursos. Se matan los campesinos, se dan machete por un color, por no aceptar la diferencia. Esa es Colombia, un reguero de muertos.

Esos dirigentes, que son los responsables de mover esa emoción primitiva, deberían ser más sensatos y no provocar más muertes por cuenta de sus ambiciones de poder. Ya no estamos en la época de los reyes.

No sigamos, pues, polarizando la sociedad por cuenta de las ideologías ni sigamos acudiendo a la emoción para hacer política. Ni con un papa colombiano parece que alcanzaríamos la paz, ni con la aparición de cien santos y santas descansaríamos.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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