Lunes 19 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

Las presidenciales

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

La elecciones pasadas confirmaron que la sociedad colombiana mantiene una profunda grieta. Sigue la división, cosa que se aprecia en la conformación del Congreso y que se apreciará también en las presidenciales, cuya primera vuelta será el 27 de mayo. Las encuestas sugieren que “un ambiente de alta volatilidad” hace imprevisible pronosticar nada. La lucha por llegar hasta ahora comienza, después de las elecciones legislativas cuando las fuerzas de uno y otro lado quedaron casi parejas.

Políticamente las elecciones del domingo pasado han sido una derrota para la FARC, partido que obtuvo sólo el 0,35% de los votos respecto del Senado y el 0,22% de los votos respecto de la Cámara Baja. No obstante, el equilibrio entre las fuerzas de izquierda con y las fuerzas de derecha, sigue vigente.

Como en otras latitudes, también en Colombia flota en el ambiente una elevada dosis de insatisfacción con “el universo de la política tradicional”, y se siente “desconfianza frente a los actores políticos”. Esa es, presumiblemente, una de las principales consecuencias de la fragmentación política del país: que los políticos nos generen desconfianza y a la falta de una “nueva ciudadanía”, según palabras de W. Ospina. Del alto nivel de descontento con los partidos tradicionales, que siguen ajenos a la realidad de sus ciudadanos, que permanecen en el olvido, es de donde nacen los populismos luego. Si durante tantos años el Estado ha olvidado, por ejemplo, a la ciudad de Quibdó, que a pesar del río Atrato y de ser una de las zonas con más alta pluviosidad del mundo no tiene acueducto, porque sus gobernantes se han robado el dinero, cómo no esperar que los populismos pululen. Y si siguiéramos mirando región por región, nos daríamos cuenta de que buena parte de la periferia, desde la Colonia hasta nuestros días, está abandonada, de modo que evidenciaríamos una vez más esa Colombia dividida: por un lado la Colombia con todo y la otra sin nada..

Nota

El proceso de paz con la guerrilla de las FARC ya se firmó, pero lo que uno puede concluir es que el pueblo quedó por fuera de estos acuerdos. Quedó al margen de las grandes soluciones, pues el gobierno no quiso pensar en la iniquidad que desborda a su gente.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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