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Lunes 07 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Todo acaba

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

Colombia, es todavía, el único país de América Latina o de las Indias Occidentales, que mantiene una guerrilla, y sabemos que esa guerrilla lleva cincuenta años luchando por el “poder” que inicialmente debería ser para el pueblo, pero no ha sido así, ni lo será ya, jamás. La guerrilla ya no tiene si lo tuvo, apoyo popular masivo como lo pudieron tener en su momento otros movimientos guerrilleros como el castrista, el nicaragüense, el salvadoreño, etc., y no lo tiene porque aquí, a pesar de las desigualdades e impunidad que existe, no ha habido las dictaduras perpetuas como las hubo en esos países.

Esa guerra ha llevado al país a múltiples violencias, a múltiples situaciones graves como lo fue la toma el Palacio de Justicia, a miles de atentados, a miles de muertos y sobre todo, ha llevado a miles de mutilados y a cosas más graves como las minas quiebrapatas que han afectado a miles de niños y eso es inaceptable y triste; eso, como dicen, no tiene perdón de Dios. Ni tiene perdón que hayan generado como respuesta y por falta de presencia del Estado, los grupos paramilitares que aumentaron como la peste, la muerte.

 Al insistir en ese modelo de dolor, la guerrilla terminó aislada y sin un apoyo real para su lucha. Insistir en ese modelo de terror donde mueren civiles y quedan miles de soldados mutilados y muertos es insistir en una desgracia, en algo fúnebre.

Alfonso Cano, el líder de la guerrilla más vieja del mundo, terminó solo y aislado como terminó Hussein (sin ser Hussein), como Gadafi (sin ser Gadafi) o como Salvatore Toto Riina, el “capo di capos” de la mafia italiana, que fue detenido solo y sin ese poder del que hizo alarde durante tanto tiempo. Los alcanza la muerte o la justicia.

La guerrilla como se puede pensar por la muerte de Cano, no solamente está aislada, sino que sus estructuras están permeadas. A Cano no llegan sino por la delación de sus combatientes y por la tecnología tan avanzada que ahora se usa para estos menesteres. Solo le restan las negociaciaciones, solo le resta la sensatez a esa guerrilla aislada y amenazada por las fuerzas legales.

Nota: La señora Esperanza Mejía, que hace de Registradora, reclama calma, pero se altera con mucha facilidad y no responde como servidora pública a los reclamos ciudadanos. ¿Qué político la sostiene? ¿Y de dónde vendrá que no conoce la ciudad?

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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