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Lunes 19 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Propuesta

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

Desolación, desolación, es lo que va a quedar en el páramo de Santurbán, pero no solamente desolación como si fuera la cara de la luna o el planeta Marte; también la ciudad se está volviendo, de tanto problema, inviable. Su futuro como ciudad está en entredicho y su recuperación si no se hace de manera férrea se pierde en las nubes del tiempo y del olvido. Ahora, con la posible explotación de oro, el problema del agua la acabará definitivamente enfrente de las narices de sus dirigentes y en las narices de la autoridad ambiental (momificadas) que no toman en serio esta amenaza ni toman en serio nuestros problemas. Desolación y tristeza, saqueo, orden público, problemas sociales y violencia es lo que quedará cuando esas multinacionales disfrazadas de defensoras del medio ambiente inicien la explotación.


Siguen por debajo, empujados por la codicia, nuestra dirigencia miope que fija sus ambiciones y su reconocimiento nacional en un apoyo por debajo de la mesa a esa explotación que penetrará como un cuchillo en la mantequilla, en esa tierra y en esos páramos que protegen la vida y el agua. Que son sagrados para todas las culturas. O eso pensamos.


La Constitución Nacional protege los páramos, pero eso es una burla, porque siguen apretando el acelerador de la locomotora sin respetar la tierra. Lo siguen haciendo y las autoridades ambientales no cumplen con su obligación de protegerlos (a los páramos) y de paso, proteger la vida y nuestro futuro. Mantienen un cinismo que asusta.


Los proyectos que tienen esas empresas son de explotación con cianuro y a cielo abierto. Algo catastrófico para el oriente colombiano y para Bucaramanga como ciudad que, además de los problemas que la aquejan, le surge ahora esta amenaza que la haría desparecer definitivamente. Algunos le apuestan al negocio y están convencidos que traerá riqueza para la región.


A esa región que no es rica, no se le ha hecho una propuesta alternativa para ayudar a sus pobladores que no navegan ni navegarán en ríos de oro y de miel. Sus problemas de aislamiento, de lejanía, de trabajo no se solucionan con sacar el oro como lo pretenden sacar, sino que se agravarán al desolar la región, porque el agua será atacada. Hay que brindarles alternativas a esta población que, en pleno siglo XXI, vive como a principios del siglo XX. La modernidad no ha llegado con toda su plenitud a esa rica región que tiene páramos y agua bendita. Dirigentes, ciudadanos busquemos alternativas. Propongan.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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