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Lunes 30 de Enero de 2012 - 12:01 AM

El Apocalipsis de Pablo

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

Estaba sentado con su mujer cuando lo vi, parecía un profeta por su barba y por lo que dijo, con sorna comentaba del mundo. Parecía el profeta Jeremías, lamentándose del mundo y de los hombres, ante Dios. Eso vi, era un profeta el que estaba sentado mirando el universo, en este mundo donde ya no existen  los profetas porque es otro oficio que desapareció hace muchos años. No era Pablo de Tarso que perseguía a los nuevos cristianos. No, era Pablo Serrano que decía, sin alterarse, que la tierra se está muriendo por la torpeza y la codicia de los hombres.

Decía en voz alta que entramos al mundo de la muerte: la muerte del discurso porque no hay discurso que explique por qué se le ha hecho tanto daño a este planeta y ese discurso sea razonable, que ese discurso nos haga aceptar que estamos de acuerdo con la destrucción de los bosques y las aguas, con el hambre y con la violencia. No hay discurso que explique por qué existen 20.000 bombas nucleares que son capaces de destruir dos veces a la tierra. No hay discurso que explique (con tanto sabio), hacía dónde va la salud de la humanidad, ninguna Organización Mundial de la Salud sabe qué enfermedades nos asediarán en estos años y siglos por venir. Ningún premio Nobel de economía de los cinco vivos que todavía están, que no han muerto, tienen explicación hacía dónde van las economías financieras, solo al fracaso y a la quiebra porque el consumo agota las sociedades que comen ahora, por poner un ejemplo: 70 kilos de azúcar per cápita por año cuando en el siglo XVIII, solo consumíamos cinco kilos. Es una sociedad que se va a morir por la adicción al dulce.

No hay discurso que explique por qué los militares todavía existen, si la guerra, ellos tampoco la entienden porque es un ejerció prehistórico de autodestrucción. Ningún ministro de guerra es capaz de justificar la guerra y los métodos que se usan para llevarla a cabo. Nadie se explica por qué se siguen construyendo tanques y  aviones que son capaces de destruir ciudades enteras. ¿Por qué tanta insistencia? Decía el profeta o el Apocalipsis de Pablo.

La educación, repetía, es una fábrica de hormigas, de “idiotas ilustrados y de idiotas diplomados”. Y él si sabe de eso porque fue profesor y filósofo. La educación no está resolviendo los problemas serios del ser humano. La educación no da tiempo a la reflexión, son formulas que ahogan al hombre.

El profeta se perdió en la niebla que comenzaba a invadir a Zapatoca, esa niebla que nos vuelve fantasmas.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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