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Lunes 20 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

La realidad superada

Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

La realidad es mejor que la literatura, se repite con frecuencia y esta frase repetida se torna, en ocasiones, cierta y se torna tan real ahora que dos curas encomendados a Dios contratan a sus asesinos, a sus verdugos y estos cumplen con su pacto de asesinarlos, tres disparos a uno y dos al otro, mientras sostienen en sus manos camándulas que les aseguran el paso al otro barrio en paz. Así fue y así se reconstruyó por cuenta de la Fiscalía esta novela, que supera la novela de Enrique Jardiel Poncela "Espérame en Siberia, vida mía", que es ese amor absurdo que también sucede en la vida de cada uno de nosotros. La protagonista Palmera Suaretti una joven actriz cuyos desnudos sobre el escenario cosechan aplausos y dinero. Su principal admirador (siempre hay un admirador) es el marqués del Corcel de Santiago, un aristócrata al que le sobra dinero y le falta virilidad. La actriz desprecia ese llorón. Ella vuela con el corazón y su lujuria donde un vecino que tiene todo lo que al marqués le falta. Mario, así se llama el vecino, y como en toda novela o realidad hay siempre algo que sorprende a don Mario, terminan diagnosticándole un cáncer terminal de estómago.


Mario al saber que padece tamaña enfermedad, contrata entonces un asesino a sueldo, para que lo mate sin que él sepa cuándo ni dónde lo va hacer. Como en toda historia, Mario termina al fin enamorado de Pamela (es literatura y a la vez realidad) y Mario decide cancelar el contrato, pero es tarde, ya no es solo un asesino, sino varios que lo persiguen por toda Europa. Esta novela: "Espérame en Siberia, vida, mía" fue publicada hace mucho y ya casi estaba olvidada, pero la realidad hace que renazca del polvo en el que el tiempo la había ido colocado.


La novela de la realidad supera la novela- comedia de Jardiel Poncela, el final de los curas orando con una camándula como pasaporte al otro mundo (si lo hay) es una tragedia humana y a la vez es algo patético.


Nota: Da pena, mucha pena, según palabras de la ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba, en entrevista personal, que Santander dejó perder tres mil millones de pesos para inversiones en proyectos culturales y haya tocado devolverlos el año pasado. ¿Dónde están esos gestores culturales, el Consejo de Cultura, tan puntillosos que hay en Santander y ese veleidoso Secretario anterior de Desarrollo y Cultura de Santander?


La Directora de Tránsito debía hacerse a un lado y facilitar al Alcalde tomar una decisión.

Autor:
Donaldo Ortiz Latorre
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