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Martes 04 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

Réquiem por Roberto Harker Valdivieso

Columnista: Edmundo Gavassa Villamizar

Cuando el sol se ocultaba en los cerros de Palonegro, el bullicio de la ciudad se apagaba, el creador comenzaba a recibir al inolvidable cantor de nuestra raza. La noche cubría con su manto la meseta de Los Caracoles, la misma que lo vio nacer y a la que le dedicó su intelecto para dejar atestiguada una época. Fue el siglo XX al que le escribió páginas llenas de reminiscencias rodeadas de una pura tendencia castellana.


Pasajes de forasteros en nuestra tierra, la vida del Libertador a quién tanto respetó y al que cantó con toda su inteligencia; su querido Santander envuelto en las más claras expresiones de recordación; La Rebelión de las Curules y la continuación de las Crónicas de Don José Joaquín García y muchas más, dejó para la consulta de los historiadores. Una completa colección de recuerdos de los intelectuales desaparecidos está en varios compendios que registran los documentos escritos por los hombres más eruditos de nuestro terruño. Quinientos años de lágrimas nos hace sentir todas las vicisitudes de nuestra emancipación.


Se destacó en la actividad literaria y fue un verdadero investigador de nuestra historia comarcana. Pacientemente recogía diariamente la información de los acontecimientos más importantes de la urbe para dejarlos escritos para el futuro de nuestro conocimiento. Sus libros adquieren ahora gran valor porque no vemos la persona que tenga la voluntad de adelantar un trabajo semejante. Hemos quedado huérfanos de un escritor brillante, romántico, quién rindió culto de nuestro idioma.


La Academia de Historia de Santander está de luto porque fue uno de los grandes que aún quedaban en tan venerable institución. Su recuerdo alimenta el alma porque lo conocimos como un fiel intérprete de lo nuestro. Siempre habló de su estirpe con generosidad. Volcó su espíritu en las ideas conservadoras por las que luchó incansablemente. Combatió la corrupción existente y fue vivo ejemplo de la honradez con que se maneja el erario público.


Son muchos los prólogos que nos escribió y el aliento que nos imprimió para continuar la tarea editorial que tanta complacencia le otorgaron. Su pluma ha quedado en silencio sepulcral para dolor de quienes lo admiramos por su claridad intelectual y sus conceptos determinantes en la situación política y en las creencias que siempre defendió con ánimo, sin vacilación, siempre erguido.


Reverentes nos despedimos del amigo incomparable que ahora nos depara un nuevo aliento. Las tenues gotas de una leve lluvia cubrieron su entorno para luego sumergirse en la profundidad de la tierra desde donde nos prolongó su último adiós.

Autor:
Edmundo Gavassa Villamizar
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