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Martes 22 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

El genocidio cotidiano

Columnista: Edmundo Gavassa Villamizar

Haciendo un repaso de nuestra historia, encontramos hechos de los cuales poco se habla pero que son sin duda alguna, la herencia que recibimos de nuestros antepasados. El proyecto de "guerra a muerte" era un desconocimiento al "derecho de gentes". La brutalidad queda manifiesta en dos artículos que rezan: "Como esta guerra se dirige en su primer y principal fin a destruir en Venezuela la raza maldita de los españoles europeos… quedan por consiguiente excluidos de ser admitidos en la expedición por patriotas y buenos que parezcan, puesto que no debe quedar ni uno solo vivo". El artículo noveno premia con grados en el ejército al soldado que presentare varias cabezas de dichos españoles, el cuál sería ascendido a alférez, "el que presentare treinta, a teniente y cincuenta a capitán. Bolívar modificó el artículo solo para aquellos que encontraran con las armas en la mano. La infamia de este texto no tiene límites.


Al General Francisco de Paula Santander le ordenó Bolívar tomar acciones genocidas a las cuales no accedió, lo que hizo que el Libertador le dijera "o me fusila usted o lo fusilo yo" y lo destituyó. Algunos autores no cuentan que Bolívar tuvo que pasar por las armas más de 1.200 españoles y que su odio imperó durante toda su existencia por los llegados de la península. Las masacres las ejecutaban por todas partes, lo que a la distancia nos indica una justificación para lograr nuestra independencia del viejo mundo.


La Independencia hizo que en nuestro suelo se cometieran cruentos asesinatos, hechos tal vez justificables, pero que nos llenan de terror. Poco se habla al respecto y solo se hace honor a la gloria de nuestros héroes. Vale la pena recordar los antecedentes porque eso nos enseña la razón de nuestra situación actual. El robo, el estupro, el saqueo y todo lo derivado de la maldad fueron puestos al servicio de nuestra libertad. Hubo además crímenes injustificables como el del Almirante Padilla que tanto daño le causaron al buen nombre del Padre de la Patria. Los premios que se ofrecían a la tropa entonces nos recuerdan los escándalos de hoy. La historia se repite. Heredamos lo malo y poco de lo bueno. Por fortuna el país progresa a pesar de las dificultades. Las páginas rojas de los periódicos parecen la réplica de nuestra historia que por fortuna no se enseña a cabalidad. Está bien que mostremos solo lo bueno y que hagamos abstracción de lo malo. De todas formas debemos conocer la verdad de los hechos.

Autor:
Edmundo Gavassa Villamizar
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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