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Martes 06 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Noble estirpe elbana

Columnista: Edmundo Gavassa Villamizar

La pequeña isla de Elba, al costado de Toscana, es un verdadero tesoro de historia y de belleza. Los barquichuelos se mecen al vaivén de las olas que tímidamente bambolean las frágiles embarcaciones. El pequeño poblado está compuesto de nobles fachadas aparentemente antiguas que se reflejan en las azules aguas de un mar tranquilo y fascinante.


La epopeya del emigrante comienza en Porto Ferraio de donde salieron los Pietri, los Spinetti, acaso un Mibelli, o un Provenzali, un Adriani, un Berti, un Burelli, un Giacopini, un Poglioli, acendrados apellidos de la Elba de entonces. Apellidos que se dispersaron por el continente americano en el cual dejaron una estela de entendimiento, trabajo y prosperidad para nuestra tierra. El grupo de emigrantes que para la época era muy numeroso vino sin boleto de regreso, resuelto a competir con los nativos y a enseñarles las técnicas y novedades que en nuestro suelo desconocíamos.


La historia de nuestro país está llena de ejemplos: Pietro Cantini constituyó el Capitolio Nacional; La Rebeca de Tino Ricci; El telón de boca del Teatro Colón de Annibale Gatti, La estatua del General Santander de Pietro Costa; Cristóbal Colón e Isabel la Católica de Cesare Sighinolfi; Simón Bolívar de Pietro Tenerani y Agustín Codazzi, para citar algunos.


La segunda mitad del siglo XIX fue definitiva para esos jóvenes legionarios de Garibaldi que tenían el presentimiento de volver al lado del caudillo. Añoranzas de una tierra que los vio nacer y a la que no volverían por haber echado raíces fehacientes en nuestro suelo patrio o en otros lugares de nuestro continente. Materias sagradas quedaron en la memoria como testimonio de un pasado lleno de nostalgia; el trigal, el olivar y el viñedo conforman el recuerdo de un pasado inolvidable para los elbanos, ya lejos de su tierra y en un continente desconocido, con idioma parecido y la misma religión.


En Pamplona corrieron la infancia, la niñez y la primera adolescencia, la primera generación de herederos del Elbano que casó y tuvo su prole en la ciudad mitrada. Orgullo de una raza que ahora investigamos después de más de cien años de haberse establecido en nuestro terruño.

Autor:
Edmundo Gavassa Villamizar
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