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Martes 20 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Nostalgia de la prenda de vestir

Columnista: Edmundo Gavassa Villamizar

Bucaramanga fue la ciudad en donde regía la moda europea. En el siglo XIX nuestra gente se vestía con linos y paños que importaban los extranjeros que se habían radicado en la urbe. El sombrero "jipijapa" fabricado en Zapatoca y Lebrija era distribuido hacia el exterior por los hermanos Víctor Adrián y Henrry León Paillié Dulud oriundos de Clichy, Francia. No había ciudadano de a pie que dejara de utilizarlo. Posteriormente, los sombreros Barbisio los distribuía Don Víctor M. Mantilla Escobar, en la Calle Real entre las carreras 14 y 15.


Los trajes de paño hechos por Irenarco Solano Tirado propietario de la sastrería "La Tijera de los Elegantes" y Tomás Lersundi tuvieron reputación de elegancia muy merecida. Confeccionaban también el Frac o fraque, que se usó casi hasta el final del siglo anterior y que representaba la verdadera gala. La incomodidad del pechero almidonado hizo que lo fuera reemplazando el esmoquin. Las damas usaban el traje largo y guantes desde el codo hasta el extremo de los dedos. Zapatilla muy alta, media velada y con vena que las hacían sufrir, cuando se les iban los puntos. Abrigo de bisonte, collar, pava y sombrero extravagante lucía con propiedad la mujer que asistía a los matrimonios que se realizaban a pleno medio día, en la Iglesia de la Sagrada Familia.


De muchacho usábamos chaqueta, recién llegada la moda, para ir a vespertina doble en el Teatro Rosedal. El saco y corbata eran indispensables para asistir a cualquier evento. La moda de pantalones de rayas y los colores vivos la impuso David Cala Phillips, recién llegado de Estados Unidos. Se atrevió a usar el "bocadillo" y un sombrerito con pluma de gallo. El sacoleva se usaba para los matrimonios, pantalón de rayas, chaleco y corbata clara. El esmoquin tropical pasó de moda muy rápido, era una prenda usada en los climas calientes. Nadie que se respetara asistía a una fiesta o reunión sin la prenda adecuada.


Hoy todo ha cambiado. Lástima haber abandonado esas costumbres tan elegantes, para convertirnos en una zona caribeña. Los hombres usan "guayabera" y las damas cualquier cosa. No hay reglas para el buen vestir. Algunos parecen ir en contra del uso establecido de corbata, otrora imprescindible. Vemos en los estrados de honor a representantes de la cultura con "bocadillo" y camisa sport. Se masca chicle como si fuera elegante. ¿Será que todo tiempo pasado fue mejor?

Autor:
Edmundo Gavassa Villamizar
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