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Martes 07 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Carmencita Moreno de Villamizar

Columnista: Edmundo Gavassa Villamizar

Hace pocas semanas voló al infinito su hija Patricia. Había cumplido el ciclo vital que le correspondió en la Tierra para internarse en lo desconocido al que todos un día llegaremos. Su vida transcurrió en medio del arte, la literatura y la política. Su desempeño como Alcaldesa de Pamplona fue ejemplar y es añorada por todos los pamploneses. Jovial, con una sonrisa permanente, parecía una niña que se alegraba con todo y participaba sin dificultad en cualquier evento. Paz en su tumba y nuestro recuerdo agradecido por su indeleble amistad, que siempre nos honró por venir de tan querida amiga y compañera de luchas literarias.


Transcurrida apenas una quincena, el Creador del Universo llamó a su querida madre, quien fuera compañera inseparable durante toda su existencia. Hoy lloramos a las dos que desde la mansión de los bienaventurados; deben estar mirando a quienes aún seguimos recorriendo este valle de alegrías y sinsabores. En Pamplona se le recuerda con afecto por su bondad y señorío. Fue una mujer hermosa, ninfa y elegante como la más distinguida de la aristocracia nortesantandereana.


Esposa ejemplar y abnegada madre que supo cumplir los preceptos de la rectitud, llenos de amor y de bendición a sus bienhechores. Viuda muy joven, supo soportar las vicisitudes que nos trae la vida. Adoró a sus vástagos: Gabriela, Eduardo, Patricia y Roque Javier. Dios la guió y levantó su hogar con dignidad, bondad, esperanza, calor humano y por sobre todo con el amor de madre que de repente queda sola en un camino lleno de abrojos. No se amilanó y educó a sus hijos, hoy profesionales distinguidos guiados por la honradez como norma de su vida.


Abuela querendona, leal y fiel amiga, miembro dilecto de nuestra sociedad que iluminó con su presencia y simpatía los más elegantes salones y la choza del necesitado. Así eran las matronas de Pamplona. Por destinos naturales los seres queridos se van elevando al infinito para recuerdo de quienes las conocimos y con quienes compartimos muchas tertulias llenas de fulgor.


En el camposanto están sus cuerpos inertes que con el tiempo se transformarán en recuerdos que vivirán eternamente. Sobre sus tumbas dejamos flores y lágrimas como testimonio de una amistad y un amor familiar. Nuestra condolencia a todos los integrantes de tan querida familia.

Autor:
Edmundo Gavassa Villamizar
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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