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Martes 27 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

Carta a Roberto Harker Valdivieso (II)

Columnista: Edmundo Gavassa Villamizar

Apreciado compañero de lucha literaria: Seguimos con la lista de quienes nos acompañaron en los sillones de la Academia y por designio natural se han marchado para siempre. Por fortuna nos quedan sus obras publicadas y el recuerdo de sus personalidades.


Sorpresivamente se fue Aida Martínez Carreño que nos dejó la historia de los Mil Días y las modas colombianas. De Aurelio Martínez Mutis solo tengo un vago recuerdo ya que de niño lo conocí en la Academia de Historia de la mano de mi padre y de Martín Carvajal. Con Oscar Martínez Salazar asistimos al Liceo del Divino Niño; allá estaban Sergio Rangel y Horacio Serpa. Varios sacerdotes hacían gala del latín y las buenas lecturas; Ismael Mejía Calderón, Gilberto Serrano Ferreira, Genaro Perico García y Pedro León Reyes. El polémico Carlos Augusto Noriega excelente conversador departió con nosotros inolvidables paliques. Pilar Moreno de Ángel nos regaló antes de morir el libro sobre el Daguerrotipo.


En una hacienda de los Llanos Orientales compartimos dormitorio con Virgilio Olano, gran señor y poseedor de una extensa cultura. El vozarrón de Max Olaya Restrepo y sus impertinencias las añoramos porque tenía gran personalidad. Los poemas y la suavidad de la voz de Carmen Ortiz de Gómez son inolvidables. Con Ricardo Ortiz McCormick trabajamos en la redacción de El Tiempo. Jorge Enrique Patiño Linares hizo época por la extensión de sus discursos. Recientemente nos abandonó Hernando Pardo Ordóñez a quién llevamos a la Academia por sus escritos e inmejorable ejemplo de vida que nos dejó como enseñanza. Carlos O. Pérez me extrajo la primera muela.


Dos inmejorables amigos nos dejaron los mejores conceptos de vida. Armando Puyana Puyana a quién quisimos inmensamente y al General Gabriel Puyana García por su pundonor militar. Augusto Ramírez Villamizar, pariente, nos legó sus versos y prosas sobre la Ciudad Mitrada. Luis Ignacio Rey siempre preguntaba si había vino después de los actos. La frustración de Álvaro Rey Ramírez fue muy grande cuando a su presentador se le olvidó la sesión.


Lucila y Hernando Reyes Duarte permanecieron fuera de la ciudad por sus ocupaciones, José del Carmen Rivera nos acompañó en la redacción de Vanguardia Liberal. Oscar Rodríguez Naranjo nos dejó el óleo del Libertador que adorna el salón principal de la Academia. Se nos quedan muchos pero el espacio solo nos deja recordar de último a Gilberto Solano Martínez quién a mis 17 años de edad quería hacerme Miembro de la Academia de Historia. Loor por el gran Gobernador de Santander, Gustavo Serrano Gómez, ejemplo de honestidad.

Autor:
Edmundo Gavassa Villamizar
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