Martes 10 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Los inmigrantes en Santander (II)

Columnista: Edmundo Gavassa Villamizar

Cuando terminaba el siglo XIX, envuelto en las guerras civiles que clavaron tantas cruces sobre los campos de Colombia, empezaron a llegar a Bucaramanga algunas familias procedentes del Imperio Otomano. Traían ellas su cultura y muchas iniciativas comerciales que a lo largo de los años hicieron crecer el ejemplo de bienandanza.


Asentados los primeros núcleos familiares en un país fatigado por sus encuentros ideológicos, pero con el vientre de su tierra henchido de ofertas de trabajo, los nuevos huéspedes de nuestra ciudad prosperaron libremente y quienes pudieron saborear el mejoramiento económico enviaron sus remesas a los paisanos de Oriente: Abrahim, Aljuri, Azzaf, Chalela, Chedraui, Farah, Fadul, Habeych, Hakim, Korgi, Liam, Lega, Name, Saaibi, Saffi y Turbay.


Una lucha a muerte por el predominio de ideas religiosas extendió en el Medio Oriente el dominio absoluto del Imperio Otomano, bajo el cual sus jefes olvidaron los derechos de los hombres y entonces muchas familias sirias y palestinas que guardaban con afecto sus milenarias tradiciones, tuvieron que abandonar su patria en busca del derecho a la vida. En improvisadas barcas, los inmigrantes empezaron a salir sin pensar siquiera en su destino inmediato. Chain, Daccarett, Hasbón, Zarruk, Salah y Sus.


En la Compañía Eléctrica de Bucaramanga, los daneses tuvieron un buen desempeño como técnicos a su servicio. Entre otros ingenieros que vinieron a la ciudad y colaboraron en la empresa, es preciso recordar a Carlos Kikierrp, quien en 1921 tuvo a su cargo el manejo de la planta, a Kielberg y Walter Harslof. Todos cumplieron a sus contratos de trabajo y regresaron a Europa.


El inmigrante más importante fue Don Christian Petter Clausen. La inmigración europea del último tercio del siglo XIX trajo a nuestro terruño una selección racial, intelectual y moral que imprimió en estas tierras la fuerza, la energía y la dinámica, fruto de la experiencia europea, ganada en años de historia y civilización.


El apellido Puyana, con su inconfundible etimología española, hunde las raíces ancestrales del primer inmigrante en Irlanda cuando la familia emigró a la península durante el reinado de Isabel I y las pasiones religiosas y políticas impedían el sosiego. Irlanda fue la patria de los O’Farell. Uno de ellos, Francisco O’Farell llegó a Santander en 1702 y se convirtió en el nobilísimo tronco de los Puyana.

Autor:
Edmundo Gavassa Villamizar
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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