Publicado por: Eduardo Duran
Los habitantes de los Santanderes y en general del Oriente Colombiano, nos vimos gratamente sorprendidos por la designación del nuevo ministro de Transporte, nombramiento que recayó en el ingeniero Miguel Peñaloza; nacido en Cúcuta y formado en la Universidad Industrial de Santander.
Realmente la oportunidad que se le presenta a la región no tiene igual; ese Ministerio es en estos momentos el más importante, como quiera que su chequera es abultada y los compromisos que tiene que atender frente al nuevo escenario comercial internacional de Colombia son a todas luces de la mayor trascendencia, pues la infraestructura es sin duda el tema prioritario del Gobierno, sobre el cual tiene que cumplir metas muy ambiciosas.
Durante los ocho años del Gobierno de Uribe, él se reservó ese Ministerio para su Departamento, en cabeza del doctor Andrés Uriel Gallego y las inversiones en Antioquia fueron las más significativas de todo el país, y yo diría que se hicieron sacrificando las aspiraciones del resto del territorio nacional.
En la primera etapa de la era Santos, la Cartera le correspondió al Viejo Caldas y ya todos sabemos los anuncios que se han hecho en materia de dobles calzadas, de túneles y de otras obras para esa región.
Nos toca ahora el turno y creo que la ocasión es inmejorable, que se debe aprovechar en orquestar de manera muy precisa los proyectos sobre los cuales venimos trabajando en las últimas décadas y que han pasado “de agache” a la hora de las definiciones.
El Oriente Colombiano tiene una infraestructura muy frágil; sus carreteras se encuentran destruidas por los sucesivos inviernos y la falta de oportunidades en materia vial le ha generado un aislamiento y una afectación de la mayor envergadura a la producción agrícola, avícola e industrial.
Necesitamos con urgencia las dobles calzadas, la comunicación de Cúcuta y Venezuela con Bucaramanga y el resto del país; las arterias de Sogamoso a Cúcuta; de Arauca a Cúcuta; la transversal del Carare y la ruta del Sol, además de la ampliación de la vía Barbosa – Bucaramanga.
Y a todo esto se requiere con urgencia la restauración del ferrocarril para las capitales de los Santanderes; la recuperación de la navegación por el río Magdalena y la dotación de los aeropuertos del oriente con la infraestructura necesaria para que atiendan con dignidad y eficiencia los volúmenes de pasajeros y de carga.
La tarea es grande; el tiempo es demasiado corto y las acciones tienen que ser absolutamente concretas para que no nos toque ´chillar´ frente al paso del tiempo. Después de esta oportunidad, no habrá excusa para reclamar por la inversión.









