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Viernes 24 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Lección de crisis

Columnista: Eduardo Duran

El paro de controladores aéreos que por 47 largos días afectó al país, debe tener una lectura minuciosa, pues ha puesto al descubierto todas las falencias que tiene Colombia en materia de transporte de pasajeros. No termina uno de aterrarse de las imágenes todavía frescas de miles de pasajeros, suplicando una silla de avión ante la premura de trasladarse a otra ciudad para poder cumplir con sus compromisos de trabajo o con las actividades personales. Toda esa angustia derivada de un problema profundo que tiene el país y que hace referencia a su falta de alternativas de transporte que permitan evolucionar ante los momentos de crisis de uno de los sectores. Los controladores paralizaron parte del transporte aéreo y no existían otros medios eficientes de transporte, pues las carreteras están semidestruídas por el invierno, además de que su estructura como tal presenta deficiencias que las hacen tediosas, ineficientes e inabordables. Como si fuera poco, no tenemos una red férrea, como la tienen otros países, que permita suplir las deficiencias de otro medio de transporte. Y para completar, el transporte fluvial también ha desaparecido del escenario nacional. Como consecuencia de estas deficiencias, el gobierno queda atrapado frente a las exigencias que se pueden presentar de un gremio de estos, pues el callejón queda sin salida y la parálisis del país se hace evidente de manera inmediata. Cómo se explica uno que los controladores aéreos hayan podido lograr exigencias como la de un aumento del 30% de su sobresueldo, que equivale al 98% de su salario base, y que para el año siguiente ese aumento sea del 40%, además del nombramiento de más funcionarios que entren a aliviar la actual carga. Sin duda eso se debe al poder de negociación que implica los alcances de las deficiencias de la infraestructura de transporte, y de la capacidad de afectar la actividad nacional como consecuencia de los medios utilizados para la presión de la aprobación de las peticiones. El país no puede seguir dándose el lujo de coexistir con estos desequilibrios, que perturban de manera notoria y que generan situaciones inequitativas frente al resto de los colombianos. Urge que dentro de los planes de desarrollo, se apunte a políticas claras que permitan desarrollar alternativas, para evitar que los intereses nacionales queden dependiendo de sectores, que por su importancia estratégica, puedan colocar imposiciones que desde todo punto de vista resultan discutibles. Estamos frente a un episodio lamentable, que debe merecer toda la atención de quienes deciden los planes de inversión.

Autor:
Eduardo Duran
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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