Publicado por: Eduardo Muñoz Serpa
Andrés Pastrana, 11 años después de salir de la Presidencia por la puerta de atrás, con la cabeza gacha, cual torero al que luego de tres avisos le devuelven el toro vivo al toril, decidió resucitar llevando a cabo actos muy de su caletre como:
Resolvió reencarnar, no para darle vigor a su alicaído Partido Conservador, sino para impulsar el movimiento político de que es ideólogo José Obdulio Gaviria, primo hermano de su secuestrador.
Para revivir en política, se atizó su frívolo bigote y optó no por ser la cabeza de un movimiento propio, sino el segundo violín de Álvaro Uribe, quien fue electo Presidente por pregonar que era la antítesis de Andrés y su Caguán.
¿Cómo hará él, hombre de grandes rencores, para sentarse a manteles y abrazarse con su antítesis y el primo de su secuestrador?
Para que nadie dude que renació, busca golpear en el hígado al gobierno de Juan Manuel Santos, arremetiendo contra Nicolás Maduro y le grita que su elección fue espuria, porque solo obtuvo un 1,59% más de votos que su contrincante, es decir, 434.935 electores más que Henrique Capriles.
¿Será que resucitó con amnesia? ¿Desconocerá que su padre, Misael Pastrana, llegó a la Presidencia en 1970 por haber sacado solo 63.557 votos más que Gustavo Rojas Pinilla, es decir, un 1,6% de ventaja?
Humm, el que tiene rabo de paja no debe arrimarse a la candela…
Para reencaucharse, Andrés grita que las actuales negociaciones con las Farc son difusas, venenosas. ¿Olvida los entretelones de su mejor obra de gobierno, las negociaciones de El Caguán?
Andrés, siempre trivial, en su adolescencia gozaba al lado de Palomo Linares y Kid Pambelé; en la tercera edad le dio por andar detrás de Álvaro Uribe y José Obdulio Gaviria para hacer migas con ellos. ¿Vale la pena reencarnar para andar con semejante par de patetas?









