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Martes 05 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Pobres abuelas…

Columnista: Eduardo Muñoz Serpa

Mirando transitar a las estudiantes porla universidad vistiendo jeans, blusas y zapatos tenis, recordé un pasaje de la biografía de Stefan Zweigen en el que el escritor austríaco narra el vestir de las mujeres hace 100 años y los arreos que nuestras abuelas y bisabuelas usaron.

Expresa Zweig: “…La cintura apretada como la de una avispa por un corsé de ballena; el abdomen, hinchado como una campana gigante;el cuello cerrado hasta el mentón; los pies cubiertos hasta la punta de los dedos; el pelo recogido hacia arriba en innumerables bucles y trenzas bajo un sombrero monstruoso que tambaleaba; las manos metidas en guantes incluso durante la canícula: esta figura, a pesar del perfume que dejaba a su paso, de los adornos con que estaba cargada y las blondas, volantes y preciosos colgajos,… …no podía moverse con libertad.

Ataviarse de dama, ponerse y quitarse esa indumentaria representaba un proceso largo, complicado, ceremonioso, que no se podía ejecutar sin la ayuda de alguien. Era preciso cerrar un montón de corchetes y corchetas desde la cintura hasta el cuello, apretar el corsé con toda la fuerza imaginable, los largos cabellos eran rizados, estirados, cepillados, frotados y recogidos hacia arriba por una peluquera que acudía todos los días y utilizaba horquillas, prendedores y peines, usaba bigudíes y tenacillas para rizar; todo eso antes de envolver a la mujer, como una cebolla, con capas de enaguas, camisolas, chaquetas y chaquetillas hasta que desaparecían los últimos restos de formas femeninas y personales. Con tales manipulaciones se disimulaban las líneas corporales de la mujer hasta tal punto que ni siquiera el novio podía adivinar si su futura consorte era jorobada o no, regordita o delgada, paticorta o zanquilarga. Cuanto más deseaba la mujer parecer una “dama”, tanto menos se debían reconocer sus formas naturales…” (sic).

Añado yo: y, pese a todo, el diablo lograba entrar por la chimenea.

Autor:
Eduardo Muñoz Serpa
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