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Martes 11 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

La ‘cancha de bolo’ del parque Santander

Columnista: Eduardo Muñoz Serpa

La situación en que se encuentra el parque Santander llama a escándalo. Allí, actualmente, no solo salta a la vista la falta de voluntad política de la Alcaldía de Bucaramanga para meter en cintura el pandemónium de desorden y suciedad que arrastran los vendedores ambulantes, ese que logró mutar a la ciudad en maloliente bazar de puerto asiático, sino la hecatombe que son los contratos estatales.


Todo comenzó cuando la Gobernación del departamento suscribió un contrato para remodelar el parque pero si bien ese era el propósito, lo que hizo fue esculpir un elefante blanco en pleno corazón de Bucaramanga, cerca de otro paquidermo, el del Centro Cultural del Oriente.


El apocalipsis comenzó cuando derribaron varias decenas de árboles argumentando que estaban enfermos y que la CDMB había autorizado sembrar otros en su reemplazo. Lo que callaron era que los nuevos serían plantados en lugares distintos al parque.


A renglón seguido permitieron que las cuatro aceras del entorno del parque fueran inmisericordemente invadidas por todo tipo de vendedores de chucherías y abalorios, quienes volvieron una pocilga el atrio de la catedral, la acera del club del Comercio, la de la calle 35 entre carreras 19 y 20 y la del antiguo Hotel Bucarica.


En tanto, "acuciosos" obreros comenzaron a preparar las cosas para la "fenomenal" reforma y a medida que las obras fueron tomando cuerpo, fue evidente que la tarea era volver el parque una larga superficie lisa, una sin par cancha de bolos. El asunto será tal que la estatua del general Santander decidió voltear la espalda y mirar hacia el club del Comercio para no ver semejante adefesio.


Y comenzó el atraso, el que hoy es de tal magnitud que ha sido peor que esos que asustan a los novios cuando sus ‘princesas’ les dicen: ‘sigue sin llegar’.


Hoy el asunto es de tal dimensión que el contratista quitó la valla que anunciaba que la obra ha debido terminarse hace tiempo y pasan los días mientras 3 obreros perezosamente se rascan su humanidad en el mismo lugar donde durante algún tiempo estuvo la "monumental" escultura de la familia de Marbelle. Y son de oír las explicaciones dadas a los medios de comunicación por el contratista, pues recuerdan las peroratas de Cantinflas explicando los disparates que hacía.


La remodelación mutó en burla para la ciudadanía, la que no tiene andenes por dónde caminar, padece la arremetida de vendedores ambulantes y carteristas y masculla frases de todo calibre pues sabe que las cosas seguirán así por largos meses. ¿Cuándo emprenderán otra obrita de estas los funcionarios de la gobernación?

Autor:
Eduardo Muñoz Serpa
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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