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Martes 29 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

¡Por fin tenemos cancha de bolo!

Columnista: Eduardo Muñoz Serpa

Parece mentira pero es realidad, ¡la Secretaría de Infraestructura del departamento va a inaugurar la mejor cancha de bolo de América del Sur! Y tan majestuosa obra arquitectónica, que formará parte del inventario de grandes monumentos de la humanidad, quedará en el Parque de Santander, lo que facilitará que mi general Francisco de Paula oficie de árbitro cada vez que haya duda sobre un pin.


Así, luego de casi un año de dificultades y sesudas disquisiciones, los flamantes contratistas decidieron no incumplir más los términos inicialmente pactados en el contrato estatal, ni prolongar más su mayor permanencia en la obra y la entregarán para que la ciudadanía se percate del esperpento que volvieron realidad.


No es por nada, pero la canchita quedó pispa. Será, más o menos, el onceavo estilo arquitectónico en dicho lugar, pues solo desentona con las edificaciones del Club del Comercio, de la catedral, del antiguo Hotel Bucarica, del Banco de la República, de la Cámara de Comercio, de la Colombiana de Tabaco, de La Triada, y la lista es incompleta. ¡Ah, pero el que diga eso es de la oposición!


Y como a la canchita había que ponerle algún aderezo, acertaron los autores del esperpento, pues le pusieron unos bancos de concreto, con madera para las posaderas, que lograrán su cometido, que es el impedir que cualquier parroquiano dure allí más de dos minutos y quien lo logre, ingresará al libro de records Guinnes.


¿Y la fuente? Ella es un misterio que hasta último momento se tienen reservado los geniales diseñadores, pero estará a tono con tamaño estropicio.


La canchita tiene otra ventaja, en ella podrá hacerse la ceremonia de velación y funeral de los árboles que tumbaron para volver realidad el adefesio y se despedirá a las ceibas sobrevivientes, ya que su futuro es incierto ante tanto y tan antiecológico cemento que en derredor les pusieron.


Y un gran acierto: la obra quedará incompleta, pues no volvieron peatonales los tramos de la calle 35 entre carreras 19 y 20 y la carrera 20 entre calles 35 y 36, lo que será una desgracia para los 500 vendedores ambulantes de empanadas, minutos de celular, cucos de cuello sport, sutianes de copa ancha, pitahaya y abalorios que ya habían pactado cómo ocupar cada metro cuadrado del lugar. ¡Lástima!


Ahora sí nadie podrá decir que nuestra única atracción es Panachi. No. ¡Lo que indigna es que le hayan mutilado los glúteos a la familia de Marbelle y por eso ellos, con dignidad, dejaron el globo terráqueo tirado y se retiraron de tan feo sitio!

Autor:
Eduardo Muñoz Serpa
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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