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Martes 07 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Señor Presidente, en mi nombre no

Columnista: Eduardo Muñoz Serpa

Hace pocos días usted, señor Presidente, públicamente pidió perdón en nombre de todos los colombianos al Ejército de Colombia y al ex presidente Belisario Betancur por lo decidido por una Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá al confirmar la sentencia condenatoria proferida por un Juez contra el coronel (r) Alfonso Plazas Vega por su actuación en la retoma del Palacio de Justicia los días 6 y 7 de noviembre de 1985.


Señor Presidente, más allá del bochinche que sobre tal sentencia armaron los medios de comunicación, al que no doy importancia pues su información ha sido fragmentada, superficial, frívola y sesgada, le exijo que no me incluya en dicho perdón, pues por razones personales viví mucho de lo ocurrido esos dos días en el centro de Bogotá por estar entre las víctimas de lo ocurrido seres muy queridos por mí, razón que me llevó a llegar el día 6 a la cuadra de la calle 11 entre carreras 6 y 7, poco después de la una de la tarde, y allí permanecí hasta pasadas las 2 de la tarde del 7 de noviembre, cuando todo terminó.


Por percepción directa vi mucho de lo ocurrido y me consta que si bien el Ejército no fue culpable de la toma del lugar por el M-19, las unidades que actuaron en la retoma sí incurrieron abierta y hondamente en la violación de los Derechos Humanos y en su propósito de no dejar guerrillero alguno vivo, les importó un higo sacrificar a los magistrados, a los funcionarios de la Corte, al personal a su servicio y a los civiles que estaban en el interior del edificio. Y eso es delito grave.


Ya a eso de las 4 de la tarde del 6 de noviembre era evidente que la guerrilla estaba dominada y si la tropa hubiera procedido en forma diferente, se habrían salvado las vidas de los magistrados ya que a esas alturas aún ninguno había muerto. Hubo sevicia y por ella decenas de magistrados, auxiliares y funcionarios judiciales perecieron calcinados en el cuarto piso por el uso excesivo de las armas y de los explosivos empleados para volar paredes en la búsqueda de guerrilleros.


Leí, además, la sentencia y ella es ajustada a Derecho y contiene una lúcida crítica de la prueba aportada.


Por eso en mi nombre no pida perdón pues los altos militares que actuaron y dieron órdenes son responsables ante la Justicia y ante la historia, en unión de quien entonces era Presidente de la República, Belisario Betancur, ya que actuó indignamente. Así que, ¿cuál perdón?

Autor:
Eduardo Muñoz Serpa
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