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Martes 20 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

Estamos jugando con candela

Columnista: Eduardo Muñoz Serpa

En días pasados ocurrió en Bucaramanga un fatal accidente laboral en un edificio en construcción, hecho que exige que la comunidad y las autoridades municipales revisen muchas cosas pues en tal actividad empresarial últimamente han sucedido varios accidentes de trabajo con saldo trágico de muertos.

El suceso fue una tragedia que sembró miseria en varias humildes familias a las que el destino ha golpeado a lo largo del tiempo en forma inmisericorde. Su drama poco lo puede comprender una colectividad cuyo diario ajetreo para supervivir se traduce en indiferencia social.

Por otra parte, las normas de urbanismo vigente son laxas, tienen  vacíos, contradicciones y abren las puertas para que ocurran accidentes de gran impacto.

En este caso la Curaduría afirma haber expedido licencia de construcción debidamente pues el proyecto arquitectónico y demás requisitos presentados por los constructores se ajustaban a las normas vigentes.

Las autoridades municipales, por su lado, aseveran que vigilan celosamente a la actividad constructora; pero los vecinos de los edificios en construcción abundan en quejas y reclamos.

¿Qué pasa realmente? Que la construcción es una actividad  peligrosa que exige permanente control de las autoridades pero las normas de urbanismo, el POT y el control de las autoridades municipales son laxos. El Concejo Municipal, cada vez que expide un POT, se preocupa más por satisfacer parroquiales intereses politiqueros que por dotar a la ciudad de una herramienta apta para que ella tenga un desarrollo urbanístico armónico y sensato.  

 Además, hay constructores que “hacen de las suyas” y las autoridades municipales no los meten en cintura por tener tales empresarios relaciones con caciques políticos y funcionarios municipales que ‘mueven palitos’ para que con ellos “se hagan los de la vista gorda”.

Eso es aprovechado por constructores que están “jugando” con las características del suelo de la meseta de Bucaramanga, el que es geológicamente joven, formado con tierra desprendida del páramo que, empujada por las aguas, conformó la meseta sobre la cual se desarrolló la ciudad. Por eso su piso no es suficientemente sólido, lo cruzan aguas subterráneas, hay fallas en su costado oriental y en sectores cercanos a ella (como el municipio de Los Santos) hay frecuentes temblores. Por eso no es prudente que en Bucaramanga se construyan edificios de 20 y más pisos, pero eso está de moda.

 De contera, nuestros cuerpos de socorro no están dotados de implementos aptos para atender emergencias de grandes magnitudes. ¿Ejemplos? Los bomberos no tienen cómo enfrentar airosamente un incendio que ocurra en un piso alto. En resumen, estamos jugando con candela y con los ojos tapados.

Autor:
Eduardo Muñoz Serpa
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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