Lunes 26 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

¿Nos conviene la migración venezolana?

Columnista: Eduardo Parra Gómez

Quizá no, pero depende. Los colombianos de menores recursos soportan inmensas carencias.

Su acceso a educación de calidad es casi imposible y lo mismo ocurre con el servicio de salud, este último mediocre, inoportuno e inmensamente costoso, no solo para ellos sino para todos los demás. En tales condiciones, los de bajos recursos tampoco están en posibilidad de lograr un empleo formal, y así el gobierno haga continuos alardes con los porcentajes de desempleo de solo un dígito, a la vista de todos los ciudadanos están los pordioseros, los mototaxistas, las prostitutas, los vendedores ambulantes, etc.

Y si la migración del vecino país se conforma más que todo por personas de escasos recursos –venezolanas unas y colombianas allá residentes, otras- la pregunta obvia es cómo las vamos a atender, si no lo estamos haciendo bien con las que aquí han estado residiendo. Muy distinta es la “otra” inmigración; la que poco se divulga y mucho nos conviene. Se trata del ingreso de capitales venezolanos que inició en el siglo pasado, pero se ha incrementado sustancialmente durante la actual década. La mayoría de empresas venezolanas que operan ahoran en nuestro país son pequeñas y tienen algún socio colombiano; pero las hay de mayor tamaño, destacándose Alimentos Polar, Farmatodo, Locatel y Alberto Lavell.

Polar lleva 20 años en Colombia; últimamente sus tasas de expansión han sido del 20% anual, sus productos se están distribuyendo en 500 municipios, en esta década sus ventas han pasado de $180.000 a $500.000 millones anuales y sus empleos directos de 600 a 950 (más 1.500 indirectos). Farmatodo tiene 52 puntos de venta, el año anterior vendió $400.000 millones y está generando unos 800 empleos directos. Todas las inversiones suman 1.000 millones de dólares desde el 2000, y a partir del 2010 arrojan la creación de 31 empresas venezolanas en diversos sectores, lo que en algún grado nos sirvió frente a la debilidad económica del 2017. Y nuestro país no ha de negar del todo el auxilio a las víctimas de la dictadura vecina, pero este no debe ser ilimitado ni incontrolado. (Los datos numéricos se tomaron de una publicación de la revista Semana).

Autor:
Eduardo Parra Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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