Quien hizo ese anuncio sabía lo que estaba diciendo, y también las respectivas motivaciones.(El término “PINGO” tiene numerosas acepciones, entre ellas “vestido feo o que sienta mal”, “mujer casquivana” y “pasar mucho tiempo fuera de casa sin hacer nada de provecho”). Pero en Santander se usa para significar abobado, simple o necio. Para referirse a las motivaciones hay que empezar por tener presente que dos de los mayores problemas que soportan diversos grupos de colombianos son la carencia de posibilidades de trabajo a su alcance y las notorias deficiencias de los sistemas de transporte público colectivo en las áreas urbanas. Es bien sabido que la unión de esos dos problemas generó el auge del mototaxismo, modo de transporte urbano, económico y muy rápido, pero de inmenso riesgo, ilegal y de difícil control por parte de las autoridades. El autor de la frase con que he titulado este artículo, aunque tiene facultad para reprimir tal ilegalidad, estima prioritario el derecho al trabajo de los mototaxistas, por lo cual manifestó que se iba a hacer el de la vista gorda.Y ahí no paró, sino que siguiendo igual política ha dado vía libre a la invasión de distintos espacios públicos de Bucaramanga por parte de millares de vendedores ambulantes.Hacía mucho tiempo que no tenía esta ciudad un alcalde tan singular. Anunció que lucharía a brazo partido contra la corrupción y lo ha estado cumpliendo. Ofreció actuar austeraramente y sanear las finanzas públicas, y así lo ha estado haciendo. Ejecuta obras de “baja intensidad” en los barrios más necesitados y en varios sectores de la ciudad realiza múltiples acciones para mejorar diversos aspectos, entre ellos la conservación de parques. La basura es recogida a tiempo y otros servicios públicos se prestan eficientemente. Terminó varios intercambiadores viales, hay transparencia en la contratación pública, adecuada articulación con las autoridades policiales y activa protección de las fuentes de agua.En octubre del año entrante tendremos nuevas elecciones de gobernadores y alcaldes. Y cabe preguntarse si Bucaramanga volverá a tener un alcalde ajeno a la politiquería.