Andres Oppenheimer en su libro “Basta de Historias” establece que una de las diferencias entre los pueblos asiáticos que salieron del subdesarrollo y los latinoamericanos que persisten en él, consiste en que mientras aquellos miran al futuro y se preparan para afrontarlo, los otros continúan mirando hacia el pasado, añorando los tiempos idos.
De muchas formas podemos demostrar cómo el autor tiene razón; sin embargo, no vamos a discutir y simplemente traemos a colación un hecho conocido por todos: la ceremonia de apertura de los juegos olímpicos de Beijing y Londres.
Mientras que en la China primó la tecnología y el diseño del espectáculo fue manifiestamente futurista, es decir, mirando hacia adelante, el de Londres fue una evocación histórica de la Inglaterra de ayer, es decir, mirando hacia atrás.
Nosotros celebramos con mucho bombo los doscientos años de nuestra independencia, eso está seguramente bien y el “nuevo mejor amigo” continúa evocando el fantasma de Simón Bolívar, héroe históricamente muy importante, cosa que tampoco se discute, pero con unas ideas que no encontramos cómo podrían influir realmente en el futuro que deben construir las naciones.
Somos mentalmente retrógrados; mientras los países que se afanan por crecer producen más ingenieros que filósofos, nosotros preparamos más letrados que técnicos y son aquellos y éstos quienes deben construir el camino de ese futuro que se debe dar acorde con los tiempos que corren. Mientras los asiáticos buscan que el trabajo académico de sus estudiantes sea cada vez más intenso, nosotros luchamos por reducir las jornadas escolares, pues cómo vamos a sacrificar a esos pobres muchachos obligándolos a leer, presionándolos para que piensen y haciendo que renuncien a sus horas de vagancia para hacer tareas; de pronto se nos frustran.
Muchas personas nos han comentado que no matriculan a sus hijos en la Quinta del Puente, que continúa siendo el mejor colegio privado del país, pues allá los hacen estudiar mucho y su régimen académico es intenso y sacrifican al pobre muchacho. Esperemos que cuando les toque enfrentar la vida de verdad, entiendan por qué han debido esforzarse. Anhelamos que entonces no sea demasiado tarde.

