Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla
Existen dos personajes que para nuestra generación fueron compañeros de colegio, como quiera que aprendimos con ellos, o por lo menos lo intentamos: Manuel Antonio Carreño Muñoz y Aurelio Ángel Baldor.
El primero, venezolano, nacido en 1812 en Caracas y muerto en París en 1874 habiendo sido músico, pedagogo, diplomático y fundador de un colegio que se llamó Roscio, institución educativa caraqueña importante en su época. Era sobrino de don Simón Narciso Carreño Rodríguez, mejor conocido como Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Huyendo de las guerras federales venezolanas viaja junto con su hija Teresa a París, en donde fallece el 4 de septiembre a los 62 años de edad.
Nos dejó el “Manual de Urbanidad y Buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos”, más conocido como la Urbanidad de Carreño.
El segundo nació en la Habana el 22 de octubre de 1906 y murió en Miami el 2 de abril de 1978 siendo abogado y matemático; tuvo que huir de Cuba cuando, por mandato de Raúl Castro, le fueran expropiados tanto el colegio Baldor que para entonces tenía 3.500 alumnos y 35 buses escolares, como su casa de recreo en la playa de Tarara, viéndose obligado a abandonar la isla el 19 de julio de 1960, so pena de perder la libertad, primero rumbo a México, luego a Nueva York y finalmente a Miami donde fallecería, sobreviviendo siempre como profesor de matemáticas.
Fue autor de un libro que sufrimos tanto, que cuando se encuentra una persona de malas se dice que tiene más problemas que el “Álgebra de Baldor “.
La juventud de hoy desconoce absolutamente el primero y quizás haya tenido que sufrir el segundo; lo cierto es que ahí están estos dos personajes inmortales, conocidos por sus obras que formaron parte de muchas generaciones y que a decir verdad, sería bueno revivirlas, actualizarlas y modernizarlas para bien de la educación que tanto lo necesita.









