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Viernes 14 de Julio de 2017 - 12:01 AM

La burocracia de escritorio

Columnista: Eduardo Pilonieta Pinilla

Hemos dicho que un muy grave mal que aqueja a Colombia, hasta el extremo de convertirla en un país inviable, es la burocracia de escritorio, conformada por aquellos funcionarios que se la pasan creando reglamentos sociales desde su trono, plasmando solo su punto de vista, a lo mejor bien intencionado, pero desconociendo las realidades materiales.

Yuval Noah Harari, escritor israelí en su obra “Homo Deus” explica este fenómeno de manera magistral: “A medida que las burocracias acumulan poder, se hacen inmunes a sus propios errores. En lugar de cambiar sus relatos para que encajen con la realidad, pueden cambiar la realidad para que encaje con sus relatos. Al final, la realidad externa concuerda con sus fantasías burocráticas, pero solo porque forzaron a la realidad a hacerlo”.

Esto explica la enorme cantidad de leyes, decretos, resoluciones, acuerdos y circulares que a diario se dictan, hasta el extremo de volver no solo difícil su conocimiento, sino, lo más grave, volver casi imposible su aplicación, situación que aprovecha el Estado para perseguir y multar a quienes se equivocan en el más mínimo detalle o no reúnen algunos de los requisitos que se reclaman.

La causa de esta situación burocrática es que a los cargos del sector público no se llega por méritos, sino por recomendaciones políticas y muchas veces las actuaciones de estos burócratas están influenciadas por la corrupción, lo cual termina por legalizar lo que no se debe y prohibir lo que se debería, por aquello de la “coima” que se reciba.

Es más, si en la relación con el Estado hay algo fácil y expedito, no tenga usted la menor duda de que el primer burócrata que lo note y pueda hacerlo terminará complicándolo, por aquello de que la línea más corta entre dos puntos, en el sector oficial, es la sinuosa y entre más torcida mucho mejor.

La solución práctica no es milagrosa, pues esta es una endemia nacional; pero si el gobierno incorporara mentes ágiles por la vía real de una meritocracia, algo se pudiera empieza a hacer y el país podría avanzar al ritmo que imponen los tiempos modernos.

Autor:
Eduardo Pilonieta Pinilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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