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Viernes 11 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Tratemos de no equivocarnos

Columnista: Eduardo Pilonieta Pinilla

Colombia está salvada, pues para las próximas elecciones presidenciales ha aparecido toda una gama de candidatos que están ofreciendo ríos de miel en el futuro de este sufrido país. El primer problema es que si todos son como el Presidente actual, que prometió esculpir en piedra que no habría más impuestos, estamos perdidos. Hay candidatos de todos los pelambres, como aquel despistado que está ofreciendo aumentar el salario mínimo en más del 50%, hasta aquellos candidatos ilustres que ofrecen llevar al país por la prodigiosa senda del “castrochavismo”.

Lo cierto es que el abanico se abre mostrando sus dos extremos: el de la izquierda más pura y el de la derecha recalcitrante, pues siempre se muestra que el ala progresista de la izquierda hace que los países se desarrollen en orden y bienestar social, como en Venezuela, mientras la monstruosa derecha busca mantener las costumbres sanas y el orden nacional.

Ser de derecha o izquierda no es malo en sí mismo; lo que puede resultar peligroso y de hecho lo es, son las personas que se esconden tras estos movimientos para alcanzar un poder que le interesa más a otras personas.

Lo importante ahora es que se vaya depurando el panorama político, con el anhelo de que surja un candidato de centro capaz de resistir las fuerzas antagónicas que se han producido en este país, en donde la gente siente más que piensa y es con ese entusiasmo como trata de resolver las cosas en lugar de hacerlo con la inteligencia y el tacto que se requiere.

Al país le faltan ideas, proyectos y realizaciones y le sobran caudillos que llegan al gobierno por las componendas políticas, que no son otra cosa que verdaderas alianzas criminales, pues tras ellas tienden a ocultarse los intereses personalísimos que pretenden lograr el poder.

Vamos a ver de todo en esta campaña electoral: desde ofrecimientos y promesas fantásticas hasta tamales y dinero, pues el objetivo parece ser elegir a un hombre y nunca a una idea.

Ojalá el ejemplo venezolano nos sirva para entender qué nos puede pasar si nos equivocamos esta vez.

Autor:
Eduardo Pilonieta Pinilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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