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Viernes 15 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Las estafas del sistema de salud

Columnista: Eduardo Pilonieta Pinilla

Toda paciencia tiene un límite y lo que está sucediendo con las Empresas Prestadoras de Servicio de salud ya pasa de castaño a oscuro.

Sin que el gobierno abra la boca, pues el actual solo lo hace para subirnos los impuestos, las EPS vienen haciendo lo que les viene en gana prestándole un pésimo servicio a los beneficiarios y tratando de ver de qué manera evitan pagar los reembolsos que deben hacer por los pagos que el empleador hace por concepto de auxilio por enfermedad. La historia nos lo demuestra: nadie sabe cuál es el monto exacto que las EPS adeudan a las IPS, ni tampoco cuánto les adeudan a los empresarios por reembolsos de la suma que por auxilio de enfermedad éstos les pagan a sus trabajadores.

Las EPS se llenan de deudas con las IPS y cuando consideran que la deuda está muy grande se declaran en insolvencia económica o en quiebra como se le llamaba anteriormente y de esa manera fácil eluden las obligaciones, pues la figura está prevista como un mecanismo salvador para el deudor pero totalmente perjudicial para el acreedor y esto se volvió un juego más del próspero negocio de la corrupción colombiana.

En relación con los empleadores, en el sistema anterior el recobro se hacía por compensación de deudas y jamás se perdió un peso, pero al cambiarse el modelo éste debe hacerse mediante cuenta de cobro y entonces aparecieron las excusas para no pagar, las demoras en los pagos y finalmente, la creación de un esquema perverso en el cual se exige presentar la epicrisis del trabajador por la cual se reclama, a sabiendas de que por la Ley del Habeas Data eso está prohibido y así terminan quedándose con el dinero.

Lo grave del asunto es que no se ve solución a la vista, sin tener en cuenta que las quiebras de la IPS significan la muerte de los usuarios y la indiferencia del gobierno, una complicidad descarada.

Sentimos que llegó el momento de alzar la voz, pues no olvidemos que el gobierno es sordo y solo entiende cuando se le habla a gritos.

Autor:
Eduardo Pilonieta Pinilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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