Viernes 16 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Cuando se rompe el equilibrio

Columnista: Eduardo Pilonieta Pinilla

Las sociedades funcionan con base en consensos cuyo factor esencial es el equilibrio que debe darse para obtener el beneficio de un vivir armónico.

Aquellas sociedades sustentadas tan solo en la fuerza bruta terminan haciendo crisis; basta dar un vistazo a Venezuela para entender el problema.

Las instituciones sociales están creadas para restablecer el equilibrio; por eso las sociedades diseñaron la justicia y el aparato que la acompaña.

Lo preocupante es que cuando esta también hace crisis y la sociedad empieza a desnivelarse, la ciudadanía en general queda en un desamparo tal que muchas veces la lleva a la violencia.

Esto es lo que está pasando con el proceso de paz, pues premió a quienes durante 50 años sembraron el terror a lo largo y ancho de la patria, dándoles curules en el Congreso y con una candidatura presidencial que no es otra que la de un lobo con piel de oveja.

Lo grave del asunto es que todas estas prebendas que les dieron nos tocó pagarlas a los colombianos que fuimos sus víctimas y eso, si bien puede llegar a comprenderse, no se puede aceptar y es lo que provoca las reacciones de la gente cuando estos personajes exhiben su desfachatez como si hubieran sido los más connotados ciudadanos del país.

Insistimos, esto pone de manifiesto que en Colombia delinquir sí paga y que mientras unos viven con principios morales y buenas intenciones, los bandidos disfrutan su bonanza material lograda a base de deshonestidades con negocios amañados y verdaderas sociedades criminales, pues estos personajes desconocen el sentido de la ética.

Todo esto explica las reacciones de la gente, muchas veces por las vías de hecho, que no compartimos, pero es una verdad de a puño que en Colombia las vías legales o nunca llegan o lo hacen demasiado tarde, como todos los días lo estamos presenciando.

Se necesita una reacción decidida de quienes aún conservan sus principios, que se supone son la mayoría, para poner en sus “justas proporciones” a aquellos que viven de la corrupción generalizada que nos agobia sin que nadie del gobierno esté verdaderamente interesado en combatir.

Autor:
Eduardo Pilonieta Pinilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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