Viernes 19 de Octubre de 2018 - 12:01 AM

No es con más impuestos

Columnista: Eduardo Pilonieta Pinilla

Uno de los grandes problemas de la humanidad a lo largo de toda su historia ha sido la pobreza, traducida hoy fundamentalmente, en la escasez de dinero y por eso no solo las personas sino las instituciones pasan todo el tiempo intentando conseguirlo, hasta el extremo de haberlo convertido casi en su único propósito de vida.

Las entidades públicas sufren del mismo mal; solo que las oficiales son bastante más prácticas y consiguen el dinero a base de ahorcar a los ciudadanos, hasta el punto de hacerlos sentir que todos los esfuerzos que hacen terminan en manos de ellas. El problema es que los bandidos de cuello blanco y los simples delincuentes vulgares entienden lo mismo y logran obtenerlo mediante el pillaje, las movidas tramposas, o el uso de la fuerza como instrumento de trabajo. Desde esta óptica, la plata que obtenemos a base de enormes sacrificios pueden terminar en manos equivocadas, unas veces de manera legal y otras ilícitamente.

Los dineros de los impuestos muchas veces, o la gran mayoría, son descaradamente malgastados o simplemente robados, a través de instrumentos tales como las contrataciones amañadas.

Ahora bien, cuando se recibe y no se organiza el gasto, los recursos terminan agotándose y muchas veces no es por las inversiones sino por las exacciones y entonces jamás habrá suficiente para atender las verdaderas necesidades sociales.

Por eso en Colombia, mientras no organicemos los derroches administrativos del Estado y no cortemos las fuentes de corrupción en forma frontal y definitiva, jamás habrá suficiente dinero, pues todo el que se recoja terminará metido en un barril sin fondo y así no habrá nunca solución posible.

Ejemplos para mostrar hay muchos; los vemos a diario cuando se denuncian solo que, como sucede con los iceberg no se ve sino la punta del ilícito, pues la gran masa está debajo del agua.

La solución no será jamás gravarnos con más impuestos; la verdadera está en organizar el gasto, eliminar las instituciones que no funcionan o lo hacen mal y combatir verdaderamente la corrupción, para lo cual el Estado deberá reordenar las ramas del poder, obligándolas a cumplir a cabalidad con sus funciones; solo que ese es el problema y ahora habrá que buscar cómo resolverlo.

Autor:
Eduardo Pilonieta Pinilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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