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Jueves 28 de Junio de 2012 - 12:01 AM

Sucedió en Singapur

Se informa por internet que un militar, con mano de hierro, cuando asumió el comando del país, en seis meses, de aproximadamente 100 mil presos quedaron 50. Los demás, criminales confesos con varias entradas fueron fusilados. Todos los hombres públicos (políticos, policías, jueces, magistrados, etc.) corruptos fueron fusilados, porque existían sentencias en su contra y miles de pruebas contra ellos. Los empresarios ladrones fueron fusilados o huyeron despavoridos del país. La multitud de drogadictos que vivían dormidos en las calles huyeron desesperados a Malasia, para librarse del fusilamiento o de trabajos forzados. Después de haber limpiado el país, reorganizado los sistemas políticos, judiciales y penales, este militar convocó a elecciones directas y se lanzó como candidato a presidente. Venció con el 100% de los votos. Hoy, Singapur es uno de los países más tranquilos para vivir, uno de los más desarrollados y más seguro que los arrogantes Estados Unidos, Inglaterra o Israel.

En las aerolíneas, la ficha de desembarque dice: “DEATH” grande y en rojo, explicando que es la pena por posesión de drogas. Cualquier droga, cualquiera sea la cantidad transportada, da lugar a que el sujeto al que se le detecte sea fusilado o condenado a prisión perpetua con trabajos forzados. Un surfista brasilero intentó entrar a Singapur con su plancha rellena de cocaína.

Obviamente firmó su propia sentencia.  En los hoteles, los “Guías de la Ciudad “ tienen una página explicando que la policía de Singapur garantiza la integridad física de cualquier mujer, las 24 horas del día (esto porque en la antigua Singapur, sin ley y sin orden, las mujeres que salían solas eran violadas y/o asesinadas). Los panfletos no se reparten. Sólo en tiendas deben estar colocados en góndolas o soportes, para que los interesados los tomen a voluntad. Tirarlos al piso es motivo de multa muy severa.

¿Le parece mano muy dura? ¿Si? Porque los Derechos Humanos reales son para ciudadanos honestos y trabajadores, que rigurosamente hacen sus aportes al Estado si les corresponde y que viven en paz, respetuosa y solidariamente con sus pares.

Bueno, entonces, sigamos tan campantes como vamos, ¿Para que nos siga llevando quién?

Escritor Ito

Autor:
Epistolas Laicas
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