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Mar 7 de Jul de 2015
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Jueves 07 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

Bloqueos de vías

Ningún conglomerado social llámese agricultores, transportadores, estudiantes, comerciantes, tiene derecho alguno para bloquear las vías impidiendo la libre movilidad de las personas. El derecho a la protesta y el paro como una de sus manifestaciones, está consagrado en nuestra Constitución, pero en ninguno de sus artículos se permite que como consecuencia de la protesta se generen daños en bienes públicos y privados, se lesione a los ciudadanos, se asesine violenta y premeditadamente a quienes no estén de acuerdo con los protestantes, se generen serios perjuicios económicos, morales y sociales a simples e imparciales habitantes de la región, se convierta en un caos social que arrase cuanto esté a su alcance y destruya en nombre del movimiento lo que se atraviese.

Estos no son medios de protesta autorizados por nuestra Carta ni mucho menos las consecuencias de dicha protesta.

Todo esto ocurre porque no se ha querido legislar haciendo previamente responsables, civil y penalmente a quienes deben responder por la protesta porque son los que organizan sus manifestaciones, los que permiten e importan insertados expertos en desórdenes, los que consienten los crímenes que en tales manifestaciones se cometen y se amparan en el motín y los tumultos previamente organizados, los primeros que aparecen protestando por lo acontecido cuando ya todo es irreversible, los graduados como agitadores profesionales becados con tales propósitos, los mismos con las mismas en todas las protestas que ocurren, conocidos de autos y reseñados por las tomas de televisión y en sus comportamientos sociales por la comunidad entera, pero elementos a los cuales jamás se les judicializa y se les permite que vivan su vandalismo y criminalidad a plena satisfacción.

Ninguno de los tres poderes se ha ocupado de esta falencia en nuestros códigos y en el proceder de nuestras autoridades. Pareciera que a cada uno conviene este comportamiento criminal en el ámbito de su autoridad y autonomía. La democracia, preservando los derechos ajenos, impone la necesidad de una mano severa contra las lacras sociales. ¿Se auto-flagelarían entonces como penitentes de pueblo?  

Escritor Ito

Autor:
Epistolas Laicas
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