Publicado por: Epistolas Laicas
Los tres poderes públicos en nuestra Nación han decidido, según el sentir popular, enfrentarse en una pugna que nos deshonra ante propios y extraños. Los colombianos soñábamos con disfrutar un duelo entre los tres poderes y sus apéndices por lograr el primer lugar en diligencia, dignidad, honestidad y estricto cumplimiento de normas legales vigentes. Idealizábamos con disponer en un estado social de derecho de las prerrogativas propias de ciudadanos cobijados por la dignidad de quienes ostentan autoridad en cada poder. Desafortunadamente estamos en una realidad total y deshonrosamente opuesta a nuestras esperanzas y sueños. Pareciera que asistimos a un concurso público donde se pugna por no dejarse bajar, cada poder público, de su primer puesto en corrupción, despotismo, venalidad, arbitrariedad, inequidad, ineficiencia, en pocas palabras, ejerciendo una para-democracia salvaje, con salvajes y para salvajes. Nos toca aceptar que hemos tolerado un caos creciente donde la anarquía y las anti-leyes son nuestro código de conducta.
La mala fe es el principio fundamental del comportamiento humano en nuestra sociedad. Surge y domina el pícaro porque la honestidad y el cumplimiento del deber se interpretan ahora como las taras de la sociedad. El paso siguiente a cuyas manifestaciones ya asistimos casi diariamente, es la imposición por la fuerza del derecho al crimen, al desorden y al caos que favorece a los antisociales, violentos por naturaleza. Se empieza a institucionalizar la inversión de valores y entonces surgen como íconos los matones y los pícaros, para quienes los demás son los retrógrados. No hay edades ni condiciones que clasifiquen a los actores porque en todos los estratos son mayoría, pero por fortuna y esperanza no la unanimidad.
Los tres poderes públicos únicamente conjugan con auto-beneplácito y excelencia, al unísono, activa y pasivamente,el verbo deshonrar. Es su orgulloso legado.
ESCRITOR ITO









