Jueves 23 de Octubre de 2014
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Epistolas Laicas
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Jueves 20 de Junio de 2013 - 12:01 AM

Vergonzosa y reprochable sevicia

Autor: Epistolas Laicas

Los colombianos ecuánimes y la crítica internacional respetable califican así el comportamiento de informadores mediocres, cuando se han ensañado ridiculizando a la doctora Ruth Marina Díaz por su descanso en el crucero. Necesitaban ellos y la comidilla política de dignidad ajena un chivo expiatorio que produjera sintonía, venta de ejemplares y saciara la hambruna de malestar ajeno que nos trasnocha. La honorable magistrada, a quien conocemos por referencias y ejecutorias, ocupó el primer puesto como bachiller, primer puesto como estudiante de Derecho, primer lugar como la mejor juez, primera posición como mejor magistrada en San Gil y Bogotá y llega a ser la primera mujer elegida por unanimidad como Presidenta de la CSJ, peldaños ascendidos uno a uno, exclusivamente por sus méritos, idoneidad profesional, dignidad, brillantes desempeños y ejecutorias, decoro y responsabilidad, virtudes heredadas de sus mayores en un hogar humilde y digno, ícono referente para nuestra descarrillada sociedad. Ascensos hacia la máxima cima profesional del Derecho, sin utilizar padrinazgos políticos o venales y muchísimo menos dádivas o concesiones que su inmaculada dignidad de mujer jamás se lo hubiese permitido. Es probable que la doctora Díaz, haciendo uso de un derecho legal, no hubiese sido ni oportuno ni conveniente utilizarlo y al justificarlo con inocentes explicaciones, conducta y declaraciones propias de quien actúa libremente, de buena fe, con derecho y propiedad, creyó al prójimo de su mismo proceder. Pero olvidó ella que aquí, “país de cafres”, nos solazamos con el mal ajeno, aderezándonos con la envidia característica del frustrado. Se le mancilló como mujer, como profesional, como la más alta funcionaria de la Justicia, como hija y como madre. Idénticos procederes, en muchísimos funcionarios politiqueros, se califican como derechos y cualidades. Se le ha debido, con el respeto formal a su dignidad y a una eximia mujer, haber inculpado de lo que fuera, para oír también sus explicaciones. Ella, en la hidalguía de su grandeza, seguramente colaborará para revocar la norma o moderarla. Será su respuesta fehaciente por la nobleza de su verdadero talante. ESCRITOR ITO

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