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Jueves 27 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

¿Volvernos a equivocar?

Columnista: Epistolas Laicas

Los santandereanos, especialmente los bumangueses, hemos tenido la mala fortuna de haber padecido de pésimos gobernadores y alcaldes, precisamente cuando estos han sido de elección popular, gracias a la tan cacareada y prostituida democracia. Tuvimos, ellos sí, los mejores mandatarios del país cuando eran nombrados a dedo por la respectiva autoridad superior. Se protestaba porque sus nombramientos eran mera conveniencia política y se destituían porque no le marchaban a su jefe, pero igualmente se tenían que ir cuando la ciudadanía clamaba su destitución por pícaros o ineptos, sin necesidad de esperar a una revocatoria del mandato y a un proceso que tildado de demócrata, lo único que genera es contubernio con el mandatario incapaz y deshonesto. Tenía tal sistema sus defectos, sus abusos y hasta sus injusticias, pero lo que estamos viendo hoy, no solo en nuestra ciudad sino en todo el país, llama a repudio y escándalo porque salimos del hoyo pero caímos en el hueco. El famoso sistema de elección popular, dizque pilar fundamental de la democracia, nació corrupto por la legislación que le imprimió su ordenamiento político, permitiendo y hasta coadyuvando para corromper conciencias, comprar votos, trashumar votantes y recibir aportes económicos a las campañas con la futura reciprocidad en contratos y peculados, entre otros muchos pecados capitales con los que nació. Hoy el país se estremece cuando advierte que el fraude será el rey de la contienda y que la mayoría de legisladores y gobernantes pertenecerán a los grupos más podridos, peligrosos y hasta sanguinarios del país.

El remedio a muy largo plazo sería la educación del pueblo y el estímulo a la limpieza de conciencia. Pero a corto plazo, podría ser el voto obligatorio (nunca conveniente para los gamonales políticos corruptos, ni para los cacareadores de una utópica libertad individual) con el debido peso e importancia al voto en blanco, no para enriquecer a los pícaros y vivos, sino como instrumento para que no salgan electos candidatos que no logren un mínimo caudal de votos, en una comunidad que no merece tener autoridades elegidas únicamente con los votos de sus familiares y compinches. Entonces, votemos, pero votemos bien.

Escritor Ito

Autor:
Epistolas Laicas
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