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Jueves 17 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

¿Quién la secuestró?

Columnista: Epistolas Laicas

El secuestro de la niña Nhora Valentina conmocionó a Fortul, a Arauca, a Colombia y al mundo. El mismo Vaticano se manifestó con las declaraciones y oraciones del Papa sobre el suceso. Nos alegra el pronto final feliz de tan execrable proceder. Sin embargo, no podemos seguir permitiendo que olímpica e irresponsablemente se juegue con la nobleza y solidaridad de un pueblo que como el colombiano, ha dado en muchas ocasiones demostraciones fehacientes de estos sentimientos. Que fueron las Farc, que el frente X, que el Y, que el Eln, que sendos comunicados lo niegan, en fin, se le atribuyó a un grupo guerrillero el hecho, como negocio con sus “levantadores”.

La Presidencia elevó a 1500 millones la recompensa. Un increíble número de efectivos como tropas especializadas fueron destinados a su búsqueda y el país parecía colapsar en seguridad y orden público. Pero atando varios cabos que empezaron a asomar, aun parece que el secuestro tenía más visos de ajuste de cuentas, retaliaciones y venganzas familiares, y hasta cortina de humo disfrazada con protagonismo, que otra cosa. La tranquilidad del padre de la niña era aterradora, mucho más cuando lo observamos en su primer encuentro después de su regreso; el estado mismo de la criatura quien para nada se inmutó ante lo sucedido con su comportamiento excepcionalmente normal; el cambuche donde la tuvieron, con los elementos y alimentos preferidos de la niña. Y cuando se daba por un hecho que la fuerza pública, habiéndola ubicado, la rescataría, surge la intervención de la Cruz Roja Internacional solicitada por la familia, entidad que en mínimo tiempo logra el contacto y consigue por diez días en 30 kilómetros suspender operaciones militares. “Sus captores” utilizaron este tiempo para trasladarla al sitio de entrega. La madre rara vez dio declaraciones. La familia continúa viviendo en Fortul sin alteraciones.

El país no puede aceptar que un caso como este tenga como explicación el silencio de los padres y declaraciones baladíes de las autoridades, absolutamente imprecisas. Han pasado dos meses y en vista del éxito obtenido, seguramente los vividores están planeado un caso similar para repetirnos este sainete diabólico.

Escritor  Ito

Autor:
Epistolas Laicas
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