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Jueves 08 de Diciembre de 2011 - 09:10 AM

Insólita inauguración

Columnista: Epistolas Laicas

Nunca creímos que el arlequín mayor (léase Minobras) y los arlequincitos (léase Gobernador y alcaldes del área), se hubieran prestado para hacer el oso inaugurando con corte de cinta y despliegue fotográfico la mitad del puente “Mamola”, después de cinco años de construcción, con un diseño que parece haberlo hecho un pésimo estudiante de arquitectura y terminado por un maestro con palustre roto. Ciertamente estamos en el país de lo insólito y en Santander, en el departamento de los tarán tantán. Este monumento a la desidia oficial y al vivo aprovechamiento de los contratistas, nos somete ahora a tolerar interminables incomodidades en la construcción de la otra mitad, seguramente con otros cinco años de espera. Claro, las escusas y los achaques para tener razón en la demora no se hacen esperar y al contrario, colocan a los incumplidos en el pedestal de los héroes. No hay nada más ridículo y vergonzoso para un residente en Bucaramanga que ir a recibir a un visitante al aeropuerto, porque, ante su asombro, tanto en el ascenso como en el descenso hay que contarle la historia sobre la demora interminable de la obra en dicha vía, buscando cada vez diferentes razones para no caer, como santandereanos verracos, en el ridículo.
Mientras en la China construyen un puente interoceánico de treinta y ocho kilómetros de longitud y seis carriles de calzada en seis meses y para no ir tan lejos, en nuestra Costa Atlántica entregan una carretera total y perfectamente concluida ocho meses antes de lo prometido, aquí las décimas maravillas del mundo quintuplican el tiempo requerido para, al fin, “inaugurarlas a medias”. El ser como somos (puros gritos y rochelas) y huérfanos declarados de líderes y cabezas visibles que velen por nuestros intereses y nos eviten ser el solar de Colombia, es lo que nos mantiene relegados a los últimos lugares en el desarrollo del país, como quiera que ahora apenas sí nos consideran la octava ciudad, porque otras capitales que gozan de auténtica pujanza de sus ciudadanos y ejemplares representantes y defensores de sus intereses, han logrado desplazarnos sin pena ni gloria al rincón de Colombia.
Escritor Ito

Autor:
Epistolas Laicas
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