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Jueves 23 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Transporte pirata

Columnista: Epistolas Laicas

Muchas razones se invocan para explicar el porqué del transporte pirata en la ciudad, prestado en vehículos y motocicletas. Pero lo importante es encontrar en sus propias fuentes el prefacio de este agitado problema. Los pasajeros, que son los que generan la demanda del servicio y cuyo número crece, creciendo así la piratería, argumenta que es más expuesto pero más barato; le recogen y le dejan donde se necesita; es más rápido; dizque más seguro y más tranquilo; hay confianza y familiaridad; generalmente sus conductores propietarios son ampliamente conocidos y advierten que necesitan trabajar buscando el sustento familiar; ha sido su oficio toda la vida; su herramienta de trabajo es propia; no buscan enriquecerse, sino mantenerse; son muy solicitados en un ambiente de trabajo muy tranquilo. Las autoridades que deben controlar, impedir y sancionar a los infractores por piratas han demostrado que son incapaces de abolir esta ilegalidad y que por inoperantes y medrosos cuando el problema se inició, ahora que está más crecido son más incapaces de resolverlo.

Las deducciones no son tan complejas: el transporte público por buses, incluido Transmilenio, no obedece a las sentidas necesidades de sus usuarios; sus rutas son caprichosas, largas, diseñadas y prestadas para competir, no para servir; el servicio es incómodo y por ende, caro; hay mucha inseguridad; se incumplen las frecuencias; los conductores son, por lo general, malgeniados y osados; no prestan un servicio, hacen un favor; la guerra del centavo coloca a los conductores en una pugna permanente contra todos y contra todo. El transporte público por taxis es demasiado costoso; los vehículos son ahora mini taxis con su correspondiente limitante e incomodidad; se respira mucha inseguridad en el servicio; sus conductores son generalmente káiseres intocables; son caprichosos y osados, a voluntad de sus necesidades y pretensiones; la mancha amarilla tiñe a la ciudad de incomodidad, desconfianza y miedo antes que afecto conciudadano.

En suma, una piratería incitada por un servicio que insatisface lo requerido; caro, inseguro, de ambiente hostil y congestionado por exceso de oferta desorganizada, desperdiciada e ineficiente. Culpa del mismo transporte legal, pero anarquizado y de las mismas autoridades, pero ridículamente inoperantes.
Escritor  Ito

Autor:
Epistolas Laicas
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